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La
Hermandad de los Remedios: Desde los orígenes de Su devoción hasta la
actualidad.
Los
antecedentes históricos más remotos de la Hermandad de la Virgen de los
Remedios se remontan al período de la incorporación de Málaga a la Corona
de Castilla en 1487; momento en el que la primitiva escultura titular fue
depositada provisionalmente en el Convento de la Victoria por el Capitán Hernán
González Bastardo y Escandón. Con el paso de los años, la repercusión más
incisiva de tal acontecimiento fue la ligazón del culto de dicha imagen a una
capilla concreta y, por extensión, a la identificación de la advocación de
los Remedios con un linaje nobiliario que suscribía, punto por punto, toda
una serie de claves emblemáticas específicas al uso. Entre ellas se
encontraba la asignación al recinto de unas rentas anuales fijas y no
enajenables y su decoración se darían cita desde las preferencias
devocionales de sus miembros, plasmadas a través de pinturas y esculturas,
hasta los blasones, armas e inscripciones con sus títulos. Este repertorio
entroncaba, así, con ese auténtico delirio por la ostentación social que
vino a caracterizar a toda una época, marcada por el peso de la jerarquía y
las diferencias de clase, impuestas por el vigente régimen de privilegios. En
este sentido, una de las cláusulas del testamento otorgado ante el escribano
José Sánchez de Castilla, por Francisco María de Bastardo de Cisneros y
Melgarejo, el 23 de septiembre de 1820, es lo suficientemente explícita en
relación al tema:
“Igualmente
declaro pertenece a la expresada vinculación de Cisneros, la imagen de María
Santísima de los Remedios, su capilla y entierro, cita en la iglesia
Parroquial de los Santos Mártires, de la que actualmente soy feligrés, que
se incluye en la fundación del dicho vínculo de cuya Imagen hicieron donación
los Señores Reyes Católicos, D. Fernando y Dña. Isabel, al tiempo de la
conquista de esta ciudad a mi octavo abuelo el Ilustre Capitán Hernán González
Bastardo y Escandón. También corresponde a la misma vinculación el referido
Patronato de Capuchinos por agregación que hizo el citado Capitán D.
Baltasar del Bastardo Cisneros”.
Aunque
redactado en el primer cuarto del siglo XIX, el codicilo citado se identifica
por completo con las consignas ideológicas del Antiguo Régimen, exhibiendo,
por esta causa, un deliberado carácter retardatario.
El
bachiller Hernando Bastardo, nieto del Capitán Hernán González, trasladaría
la escultura mariana desde su hacienda de Tabicos a la Parroquia de los Mártires,
donde la misma quedaría enclavada definitivamente en la capilla familiar,
inmediata a la Puerta principal de la Iglesia. La agregación de dicha
capilla, en 1623, al Mayorazgo de Rodrigo Bastardo y su mujer, María
Delgadillo y Calderón, pudo influir en la gestación del primer embrión
corporativo que daría origen a la constitución formal de la hermandad de los
Remedios a lo largo de la centuria siguiente. La realización de un trono,
probablemente de entalladura dorada, para la imagen costeado por el hijo del
matrimonio nominado, Baltasar Bastardo, y su esposa, María Mondragón y
Pacheco en 1674 y la posterior reforma de la arquitectura del recinto, en
1735, a cargo del Corregidor de Córdoba, Francisco Bastardo y Cisneros,
asentarían los cimientos patrimoniales que habrían de culminar, a finales
del siglo XVIII, con la remodelación integral de este espacio de culto.
La
congregación del Rosario que existía en la Parroquia de los Mártires
experimentó, a partir de 1755, un giro radical que afectaría tanto a su
nomenclatura como a su organización interna. Las razones de estos cambios
estribaron en las secuelas psicológicas que el célebre terremoto que asoló
Andalucía en dicho año, dejó en la sensibilidad colectiva de las
poblaciones afectadas como nueva prueba de la indefensión del hombre frente
al medio y la vinculación de los fenómenos naturales con causas
sobrenaturales, tan generalizadas en la mentalidad social de los siglos del
Barroco. Según el trasfondo apocalíptico que subyacía en la opinión del
Cabildo Metropolitano Hispalense, la Majestad Divina manifestó mediante el
cataclismo, la justa irritación con que por nuestras culpas teníamos
indignada su Justicia.
En
efecto, a raiz del suceso, la Asociación de Fieles, algo rudimentaria, que
daba culto a la imagen de la Virgen de los Remedios, acordó erigirse canónicamente,
en Corporación de Gloria, asimilando el título con el que figura en la nómina
de 1795, este es, “Hermandad del Santo Rosario de Nuestra Señora de los
Remedios y Esclavos de Nuestra Señora de la Concepción”.
Desde
aquel momento, las empresas de promoción artística en torno a la advocación
de los Remedios conocieron un inusitado florecimiento que permitió a la
Hermandad entre el período comprendido entre 1755-1795, promover la hechura
de numerosas piezas de orfebrería y aceptar constantes donaciones que
rebasan, incluso, esta última fecha, como el rosario de oro procedente del
legado de Catalina Rosales, incorporado a su patrimonio objetual en 1802.
El
patrimonio de platería acumulado por la Hermandad de los Remedios a finales
de la centuria dieciochesca, nos es conocido gracias al cumplimiento en la Diócesis
de Málaga, de la Real Instrucción expedida por la Tesorería General del
Reina radicada en el Alcázar de Sevilla, en 4 de abril, de 1809, que fue
comunicada a todos los Arzobispados y Obispados de España. De dicho suntuoso
patrimonio aún quedan las dos coronas de plata sobredorada, realizadas por el
orfebre Manuel Marín a fines del XVIII, auténticas joyas de la orfebrería y
uno de los pocos testimonios que quedan de esta época en la ciudad de Málaga.
El
languidecimiento de las corporaciones letíficas durante el siglo XIX no
encuentra excepción en la hermandad de los Remedios, que verá como su
patrimonio queda custodiado en manos de particulares, que fueron en al menos
dos ocasiones los custodios de las tallas de la Virgen y el Niño y de las
coronas mencionadas en el inventario.
Decir
que la hermandad nunca llegó a extinguirse, y los cultos de la santísima
Virgen no se interrumpieron, puesto que en los propios archivos de la
Parroquia de los Santos Mártires queda constancia de las fundaciones a nombre
de los Remedios, patrocinadas por Doña María de Zafra, que garantizaban los
estipendios para el desarrollo de los mismos. En cualquier caso, será en 1991
cuando comience la actual etapa de florecimiento. Desde dicho momento y hasta
la actualidad, la hermandad ha cuidado con esmero y dedicación la imagen de
la Santísima Virgen, y se ha encargado de dotar a la misma de un completo
ajuar cultual, que pretende ser complementado con el procesional.
No
en vano, fue Nuestra Señora de los Remedios la elegida para la procesión
jubilar del Rosario del año 2000, como representante de todas las hermandades
de Gloria existentes en la Ciudad, y que promovió un solemne pontifical en la
Catedral, con gran asistencia de público, tanto ciudadanos como foráneos.
Cinco
años después, y en la actualidad, se plantea uno de los grandes retos dentro
su dilatada historia, la celebración del 250 aniversario del voto y del
patronazgo, y la renovación anual del mismo por las calles de Málaga, Dios
Mediante, y como bien indica la oración de la Virgen, ahora, en lo venidero y
por Ella misma volver a hacerlo siempre.
La imagen de Nuestra Señora de los Remedios.
Se ignora el origen de la imagen primitiva de la Virgen de los
Remedios, similar
en su estructura a la Virgen de la Victoria y a la Virgen de los Reyes
que veneraban los Reyes Católicos en sus altares portátiles de campaña para
remediar sus necesidades. Debía ser una talla que presentaba a la Virgen como
Madre de Dios, en la que la efigie sedente de María representa el trono sobre
el que dispone Su Hijo. Se caracteriza por su disposición rigurosamente
frontal, con expresión grave y solemne por llevar al Niño en sus rodillas,
totalmente de espaldas a Ella. Este tipo iconográfico nace in Bizancio
difundiéndose por occidente e influyendo en las románicas.
Estas
tallas eran de pequeñas dimensiones ya que generalmente se destinaban a
altares portátiles y acompañaban a sus patronos devotos en las campañas
militares, poniéndose estos bajo protección para obtener una victoria.
En
determinadas circunstancias en que las esculturas se encontraban deterioradas
por el paso del tiempo o no respondían a los nuevos gustos estéticos de la
feligresía se sustituían por otras. Este parece ser el caso de la imagen de
Nuestra Señora de los Remedios de la parroquia de los Santos Mártires en que
se sustituye la talla primitiva por una imagen de vestir cuya difusión se
generaliza durante el siglo XVII y XVIII.
La
escultura mariana de la hermandad de Nuestra Señora de los Remedios y del
Santo Niño del Rosario, bendecida en 1735 en el día de la Asunción, y cuyo
sermón de bendición aún se conserva en los archivos catedralicios,
representa a una mujer joven con gesto sonriente y con ojos
penetrantes, de acusado gesto hierático y mayestático. El cuello robusto, la
precisión del óvalo facial en el que se inscriben pómulos bien modelados,
se complementa con los efectos nacarados de las carnaciones. Llama la atención
la larga melena que cae hasta tapar parte de los hombros y que hábilmente fue
trabajada para ahuecarla y permitir el encaje de capas de ricas telas sobre
los hombros.
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El niño es una efigie de singular expresividad que hace pensar en la posible
inspiración del artista en un modelo vivo. Como escultura exenta, evidencia
unas apreciables calidades artísticas, no sólo por el tratamiento exquisito
de su delicada y rolliza morfología anatómica, sino por la espontaneidad y
dinamismo del gesto que simula de saltar de los brazos de la Madre en actitud
de acoger al espectador con sus manezuelas. Su dinamismo, pletórico de
preciosismo rococó, se combina con la acertada policromía a base de tonos
limpios y algo fríos, que resaltan las excelencias del sobrio modelado y el
detallismo de la cabellera, a través de pinceladas dispersas por la frente.
El maremoto de 1755: El voto
perpetuo de la ciudad de Málaga.
Será
1755 un año crucial para la historia de la hermandad del Rosario, ya que a
partir de dicho momento vivirá un auge y esplendor con pocos precedentes en
la historia religiosa de la ciudad de Málaga. Así, la imagen bendecida en
1735 protagonizará uno de los sucesos más memorables dentro de la devoción
del pueblo de Málaga a una imagen de la Santísima Virgen.
Todo
ello tiene su origen el 1 de noviembre de 1755, día en el cual se produce el
famosísimo terremoto cuyo epicentro tuvo lugar en Lisboa, y que destruyó por
completo tan famosísima ciudad. Este seísmo, no sólo afecto a la capital
portuguesa, sino que también gran cantidad de ciudades lusas y españolas
cayeron en desgracia. Como caso destacable, y en alusión a un hecho similar,
la Muy Noble Ciudad de Cádiz, se vio acuciada por un poderoso maremoto, que
tuvo su fin gracias a la intercesión de la Virgen de la Palma.
En Málaga
el terremoto del 1 de noviembre no se hizo notar, si bien las noticias
llegadas sobre el estado de la ciudad de Cádiz si hicieron mella en la
población.
Sería
el 27 de noviembre cuando se presagie la catástrofe. Una repetición del
terremoto de Lisboa afectará al estado de la mar
y la ciudad vivirá horas de pánico, obviamente influido por las
noticias llegadas desde la capital gaditana. Como narrarán las crónicas de
la época: “la voz de la mar se sale”, y muchos malagueños atemorizados
acudirán a los montes, abandonando casas y recogiendo sus más valoradas
pertenencias.
La
Catedral y el Convento de la Victoria celebrarán misas de rogativa, a las que
acudirán cientos de malagueños.
Pero
quizás sea el acontecimiento más trascendente el protagonizado por la actual
imagen de la Virgen de los Remedios, que en ese momento ya contaba gran devoción
dentro del contexto social y popular malacitano.
Así,
Su hermandad saca a la Virgen en procesión de rogativas, rezando el Santo
Rosario y hasta Puerta del Mar, donde la imagen quedará depositada a expensas
de la intercesión divina.
Según
relatan las crónicas, desde el mismo momento en que la imagen permanece
frente al mar, las aguas se calman, el cielo se despeja y el viento cesa.
Este acontecimiento extraordinario
da lugar a dos privilegios sobre la hermandad y la imagen de la Virgen, esto
es, la ciudad de Málaga, hará voto perpetuo de acudir todos los años y cada
27 de noviembre hacia el mencionado lugar, a dar gracias por lo sucedido, y la
Parroquia de los Santos Mártires nombra a la Virgen de los Remedios Patrona y
Titular de la feligresía.
Dicho acto, que se celebraba año
tras año, congraciaba la piedad popular con la presencia de los más altos
estratos sociales de la ciudad. El presbítero de la Catedral, don Manuel de
León, también Capellán del Colegio de San Telmo, y precisamente en una
oración dedicada a la Santísima Virgen de los Remedios en 1794, recogerá el
devoto acontecimiento celebrado cada año:
“al fin, no fue el peligro dentro de la Ciudad tanto, quanto pareció
al verlo venir de lexos; sin embargo, id allá, y en el día aniversario del
suceso veréis, y no con ojos enjutos, porque no se puede resistir a la
ternura del espectáculo, sacar con quanto se puede de magnificencia la
Sagrada Imagen de nuestra Señora su Cofradía, también como la vuestra, del
Santo Rosario a vista de la muralla, y vuelto Su divino semblante al mar, y a
ella el de todo el Respetable Ayuntamiento arrodillado, deshacerse en afectuosísimas
gracias por lo pasado, en fervorosísimas preces para lo venidero, confesándose
todos salvos por Su intercesión, y esperando por ella misma haber de serlo
siempre”.
Este acto
narrado por el presbítero Don Ramón de León es precisamente el que pretende
recuperar la hermandad del Santo Rosario en la actualidad, como testimonio
religioso, histórico y sentimental de la ciudad de Málaga.

(*) Las imágenes
muestran el texto de la oración que el presbítero don Manuel de León
escribió a la Santísima Virgen 39 años después del maremoto, donde se
deja constancia del solemne voto que la ciudad hacía cada 27 de noviembre
en acción de gracias por la intercesión de la Virgen ante una posible catástrofe.
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