Desea sacerdotes preparados en ciencia y virtud, porque sin ellas es imposible realizar el ministerio sacerdotal. No concibe un sacerdote que no estudie ni estime la ciencia, especialmente la ciencia de Dios, la Teología y Sagradas Escrituras. Pide que los seminarios sean los lugares donde se formen hombres buenos, con virtud interior y espíritu de Dios. Oración intensa, pobreza evangélica, amor a la Eucaristía, estudio de la Escritura y dedicación a la evangelización son, para él, las actitudes básicas de todo sacerdote.
Le preocupa de manera especial la caridad pastoral porque le duele la situación del pueblo cristiano, la pobreza de la gente y su ignorancia religiosa. Él conoce al pueblo, se implica con ellos y a su evangelización va a dedicar sus mejores fuerzas.
Pidamos al Señor, por intercesión de S. Juan de Ávila, nos conceda esas santas y abundantes vocaciones sacerdotales.
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