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Su
oración, su modesta aportación
económica y sus pequeños compromisos
son tan valiosos como
la moneda que echó aquella
abuela en el cepillo del templo,
ante la mirada dulce de Jesús.
Al verse implicados en esta
tarea, los niños, siempre curiosos,
descubren toda la grandeza
del trabajo misionero de la
Iglesia y aprenden a valorar
más el Evangelio.
EL VALOR DE UN EURO
La Obra de la Santa Infancia
o Infancia Misionera, cuya
Jornada celebramos hoy, les
enseña que todos tenemos algo
que dar y mucho que recibir de
los demás. Basta con explicarles
lo que se puede hacer con el
euro de sus ahorros que entregan
o el valor especial de su
oración, para que los niños se
movilicen y saquen a relucir lo
mejor de sí mismos. Además,
les encanta saber que también
ellos son Iglesia y que la Iglesia
cuenta con ellos para proclamar
el Evangelio.
Esta dimensión misionera de
los niños está hoy un tanto descuidada.
Bastaría con preguntarnos
en cuántas parroquias
se celebra la Jornada que hoy
les anunciamos, qué tiempo se
le dedica, cómo se la inserta en
la catequesis y con qué medios
se la hace llegar a todo el
Pueblo de Dios.
“PAPÁ, VAMOS A MISA”
Sin embargo, hay otra dimensión
misionera de los niños que
conviene resaltar. Porque son
muchos los que, sin saber lo,
están colaborando a que sus
padres regresen a la fe que
abandonaron un día. Unos, porque
piden el bautismo para
celebrar la primera comunión;
otros, porque no dejan de preguntar
a sus padres sobre lo
que escuchan en la catequesis;
y todos, porque los niños son el
vehículo más elocuente de la
gracia de Dios.
Entrevista a D. Lorenzo Orellana
D. Lorenzo Orellana, delegado episcopal de Misiones, explica a Vanessa Olmedo, en Iglesia en Málaga (COPE Radio) el sentido de la Jornada de la Infancia Misionera.
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