ADVIENTO 2010

Javier Leoz

 

 

 

 

 

 

 

 

1. Prepárate al nacimiento de Cristo. Tu corazón ha de ser la mejor cuna. Tus buenas obras el mejor calor.

2. Prepara tu hogar a la llegada del Salvador. ¿Eres cristiano? No permitas que otros elementos extraños, folclóricos y sin sentido cristiano, distorsionen lo que vamos a celebrar.

3. Enciende, cada semana de adviento, una vela de distinto color en tu hogar. Te recordará que, Jesús, está llegando y que, tu casa, está velando.

4. La llegada de un niño supone siempre un cambio de hábitos. El adviento es un tiempo oportuno para arrojar de la casa de nuestro corazón aquello que puede estorbar a ese niño.

5. Aprovecha estas semanas para rezar un poco más, para comprometerte en alguna causa noble o caritativa de tu parroquia. Si Dios se hace hombre ¿no sería bueno que tú descubrieras tu buen corazón en alguien?

6. Indica a tu familia lo qué significa la Navidad. No permitas, o purifica, aquellos elementos que nos roban al “NIÑO” de esos días santos y familiares.

7. Allana aquellos caminos que, la convivencia, los malos modales, las palabras fueras de tono te han podido dificultar el encuentro con los demás. Dios, al nacer, nos pide sólo eso: amor

8. Ablanda el corazón con la oración. Frecuenta un poco más la eucaristía. Asiste con los tuyos. Si el Señor vino y se encontró con una familia…qué menos que lo esperemos también así: en familia

9. No pierdas la esperanza. Las dificultades ni los problemas se desvanecen de la noche  a la mañana. Pero, un cristiano sin esperanza, resulta ser como un arpa sin cuerdas: no anima cuando es requerida su música

10. No dejes de soñar. Si el Señor se hace hombre como nosotros es porque tiene un sueño: que seamos hermanos, que salgamos a su encuentro con el deseo de amarle

 

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Fiesta de la Sagrada Familia

27 de diciembre de 2010. Dios quiso nacer dentro de una familia y así ha santificado la familia humana  

Fiesta de la Sagrada Familia

La sagrada Familia

En la festividad de la Sagrada Familia, recordamos y celebramos que Dios quiso nacer dentro de una familia para que tuviera alguien que lo cuidara, lo protegiera, lo ayudara y lo aceptara como era.

Al nacer Jesús en una familia, el Hijo de Dios ha santificado la familia humana. Por eso nosotros veneramos a la Sagrada Familia como Familia de Santos.

¿Cómo era la Sagrada Familia?

María y José cuidaban a Jesús, se esforzaban y trabajaban para que nada le faltara, tal como lo hacen todos los buenos padres por sus hijos.

José era carpintero, Jesús le ayudaba en sus trabajos, ya que después lo reconocen como el “hijo del carpintero”.

María se dedicaba a cuidar que no faltara nada en la casa de Nazaret.

Tal como era la costumbre en aquella época, los hijos ayudaban a sus mamás moliendo el trigo y acarreando agua del pozo y a sus papás en su trabajo. Podemos suponer que en el caso de Jesús no era diferente. Jesús aprendió a trabajar y a ayudar a su familia con generosidad. Él siendo Todopoderoso, obedecía a sus padres humanos, confiaba en ellos, los ayudaba y los quería.

¡Qué enseñanza nos da Jesús, quien hubiera podido reinar en el más suntuoso palacio de Jerusalén siendo obedecido por todos! Él, en cambio, rechazó todo esto para esconderse del mundo obedeciendo fielmente a María y a José y dedicándose a los más humildes trabajos diarios, el taller de San José y en la casa de Nazaret.

Las familias de hoy, deben seguir este ejemplo tan hermoso que nos dejó Jesús tratando de imitar las virtudes que vivía la Sagrada Familia: sencillez, bondad, humildad, caridad, laboriosidad, etc.

La familia debe ser una escuela de virtudes. Es el lugar donde crecen los hijos, donde se forman los cimientos de su personalidad para el resto de su vida y donde se aprende a ser un buen cristiano. Es en la familia donde se formará la personalidad, inteligencia y voluntad del niño. Esta es una labor hermosa y delicada. Enseñar a los niños el camino hacia Dios, llevar estas almas al cielo. Esto se hace con amor y cariño.

“La familia es la primera comunidad de vida y amor el primer ambiente donde el hombre puede aprender a amar y a sentirse amado, no sólo por otras personas, sino también y ante todo por Dios.” (Juan Pablo II, Encuentro con las Familias en Chihuahua 1990).

El Papa Juan Pablo II en su carta a las familias nos dice que es necesario que los esposos orienten, desde el principio, su corazón y sus pensamientos hacia Dios, para que su paternidad y maternidad, encuentre en Él la fuerza para renovarse continuamente en el amor.

Así como Jesús creció en sabiduría y gracia ante Dios y los hombres, en nuestras familias debe suceder lo mismo. Esto significa que los niños deben aprender a ser amables y respetuosos con todos, ser estudiosos obedecer a sus padres, confiar en ellos, ayudarlos y quererlos, orar por ellos, y todo esto en familia.

Recordemos que “la salvación del mundo vino a través del corazón de la Sagrada Familia”.
La salvación del mundo, el porvenir de la humanidad de los pueblos y sociedades pasa siempre por el corazón de toda familia. Es la célula de la sociedad.

Oración

“Oremos hoy por todas las familias del mundo para que logren responder a su vocación tal y como respondió la Sagrada Familia de Nazaret.
Oremos especialmente por las familias que sufren, pasan por muchas dificultades o se ven amenazadas en su indisolubilidad y en el gran servicio al amor y a la vida para el que Dios las eligió”
(Juan Pablo II)

“Oh Jesús, acoge con bondad a nuestra familia que ahora se entrega y consagra a Ti, protégela, guárdala e infunde en ella tu paz para poder llegar a gozar todos de la felicidad eterna.”

“Oh María, Madre amorosa de Jesús y Madre nuestra, te pedimos que intercedas por nosotros, para que nunca falte el amor, la comprensión y el perdón entre nosotros y obtengamos su gracia y bendiciones.”

“Oh San José, ayúdanos con nuestras oraciones en todas nuestras necesidades espirituales y temporales, a fin de que podamos agradar eternamente a Jesús. Amén.”