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¿Y por qué sí?

Publicado: 16/09/2016: 507

Ante la decisión de optar por quedarse embarazada, de una mujer de 62 años, me pregunto qué beneficios sociales tiene este comportamiento.

Nos movemos diariamente entre conductas reprobables, desde el punto de vista de la ética, cuyos protagonistas pretenden que todo lo que quieren hacer debe admitirse por los demás, en función de una libertad mal entendida.

Es cierto que vivimos en una sociedad plural y que no existe un único modo de vivir, por lo que respeto todo aquello que sea respetable, pero me parece que toda conducta individual tiene una repercusión social que parece olvidar el que toma una decisión vital atendiendo únicamente a sus preferencias personales y obviando las repercusiones sociales.

Ya sabemos que en el terreno de la ética, la frecuencia de una determinada conducta no es una regla a seguir. Sin embargo, no nos podemos engañar. Poco a poco se va creando un modo de pensar, en la mayoría de las personas, que va considerando normales conductas que, en otro tiempo, estaban mal vistas y por lo mismo se tendían a evitar.

Ahora, en cambio, quien quiere hacer algo simplemente se pregunta ¿Y por qué no? Así, en las familias no se defiende siempre el bien de los hijos, que debe primar según las normas jurídicas, sino que se realiza el pretendido derecho del adulto. En el caso de las mujeres embarazadas que deciden abortar, el argumento que se esgrime es el de un denominado derecho de la mujer, cuando debería primar el derecho a la vida del no nacido.

¿Por qué? Por muchos motivos, para empezar porque es un ser que no se puede defender, porque las personas no somos dueños de nuestra vida ni de la vida de nadie, porque el aborto no es un bien para la sociedad sino una lacra, etc.

Y, mientras muchas mujeres abortan niños sanos, esta insensata mujer hace un experimento de procurar un embarazo a los sesenta y dos años, cuando lleva veinte menopáusica, con los riesgos que comporta. El motivo que esgrime es el deseo de dar una hermana a sus dos hijos varones.

El hijo mayor nació con parálisis cerebral. Con cincuenta y dos años tuvo otro hijo mediante fecundación in vitro. Su situación económica no es buena, según ha declarado.

Me parece algo inaudito y fuera de la más mínima sensatez humana, ya que no porque algo se pueda hacer a nivel científico, hay que aplaudirlo a nivel ético. Me parece una barbaridad.

Como justificación a su conducta, dice esta mujer que tiene la intuición de que todo va a ir bien y que tiene unos veinte años, según la esperanza de vida, para criar a su hija. Es decir, cuando ella tenga ochenta y dos años su hija tendría veinte años.

Lo que puede que no haya tenido tan en cuenta es lo que le parecerá a esa hija tener una madre de esa edad. ¿Qué libertad es prioritaria, la de la hija o la de la madre?

Desde el punto de vista estadístico, a partir de los cuarenta años, las mujeres tienen una mayor probabilidad de que el hijo nazca con algún problema de salud. En este caso, la gestante afirma que todas las analíticas son normales. Esperemos que nazca una niña sana pero ¿Por qué correr este riesgo?

Insisto en calificar negativamente este comportamiento. No somos islas y lo que ocurre a uno nos afecta a todos y a todos los niveles. Si esta mujer no ha pensado en las repercusiones de su maternidad tan tardía para esta hija, imagino que menos lo ha hecho en relación al resto de la sociedad. Sin duda, si por alguna causa no puede hacerse cargo del cuidado de su hija recurrirá a las instituciones sociales. Como ya ha ocurrido anteriormente en este tipo de madres longevas.

En sus declaraciones manifiesta una falta de confianza en tener una relación de pareja e indica que hará la crianza ella sola.

Me parece que en una sociedad en la que hay muchas personas que atender, por circunstancias de enfermedades, de ancianidad, de orfandad, etc. y cuando las instituciones sociales no cubren suficientemente las ayudas a estas familias, no es una buena idea tomar decisiones que tengan una repercusión que no favorezca el bien común.

Nadie tiene garantizada la salud y, en muchos casos existen fallecimientos que dejan hijos huérfanos, pero no es lo mismo que ocurra por algún accidente o enfermedad a que se realice un comportamiento tan temerario.

Un caso concreto fue el de la gaditana que dio a luz a los sesenta y seis años y muríó cuando sus gemelos tenían dos años y medio.

Por todo lo dicho me pregunto ¿Y por qué sí?


Esperanza Sanabria Chamizo

Esperanza Sanabria Chamizo es cristiana, esposa y madre, profesora e investigadora en el campo de la Psicología. Desarrolla su labor profesional en la Universidad de Málaga y en el ISCR San Pablo.

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