Donación de sangre

25 de mayo de 2010

El miércoles, 26 de mayo de 2010, de las 17:30 a las 21:30, en la explanada del Santuario de la Victoria, el Centro Regional de Transfusión Sanguínea estaciona el autobús para que los vecinos del barrio mostremos nuestra genrosidad donando sangre.

La solidaridad y la iniciativa parte de la propia persona que dona; ante todo se trata de donar libre y altruistamente, pero, por si surge alguna duda, aquí presentamos razones que pueden ayudar a dar el pequeño paso.

Con una donación, se salvan tres vidas.
La cantidad donada sólo representa el 10% de la sangre que normalmente se posee, porcentaje que no interfiere con el funcionamiento normal del organismo.
La donación de sangre se puede hacer a cualquier hora del día, sin necesidad de condiciones especiales.
Cada día 75 personas salvan su vida en España gracias a las transfusiones.
Los tratamientos de cáncer, la cirugía compleja, los accidentes de tráfico, los transplantes de órganos,… serían imposibles sin donaciones de sangre.
La sangre no puede fabricarse.
Si piensas donar cuando haya una emergencia, ya llegas tarde. Tu sangre debe ser sometida a pruebas y procesos. Por lo tanto, es mejor acudir antes de que aparezca la necesidad.
En verano, hace más falta, al contrario de lo que se cree, por el aumento de los accidentes y la escasez de donantes en sus residencias habituales.
Porque mañana, a lo mejor, le hace falta a uno de los tuyos.
Es el mejor donativo.
Hacen un buen análisis de tu sangre.
Garantías de seguridad para el donante y el receptor.
Disponibilidad gratuita de los productos sanguíneos
Utilización óptima de la donación.
La donación de sangre, no puede ser motivo de comercio. Ni se compra ni se vende.

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Peregrinación al Santuario

25 de mayo de 2010

El jueves, 27 de mayo de 2010, a las 19:30, comenzamos la peregrinación del Arciprestazgo al Santuario de Nuestra Señora de la Victoria, patrona de la ciudad. A esa hora comenzará el rezo del Santo Rosario, y a las 20:00 se celebrará la Eucaristía.

A lo largo del mes de mayo en pueblos y ciudades de nuestra geografía se reza el Rosario, se elevan cantos a María, la Madre, se celebran cientos de fiestas y actos marianos.

Todo es poco para la Madre, todo es poco para honrar a la Madre de Dios y Madre nuestra. Cada pueblo, cada parroquia, cuida que a la imagen de la Virgen no le falten flores o velas, que su altar esté adornado y limpio. Expresión tangible de religiosidad popular, una religiosidad que expresa un sentimiento profundo de amor.

“Venid y vamos todos con flores a María” se cantaba en este mes de mayo, y se sigue cantando en nuestras iglesias, pequeñas o grandes. Con flores que el campo trae ya en la primavera, que son belleza y homenaje a la madre. Y, sobre todo, con las flores de nuestras vidas, con nuestros esfuerzos cotidianos ofrecidos a la Madre, con nuestra alegría compartida con los demás, con nuestras ilusiones depositadas a sus pies, con nuestras oraciones, con nuestros pequeños o grandes actos de amor.

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Unción de enfermos

4 de mayo de 2010

El domingo, 9 de mayo de 2010, a las 17:00, celebramos comunitariamente el sacramento de la Unción de Enfermos. Como cada año, la parroquia se reune en asamblea eucarística para rogar por la salud de aquellas personas que sufren o se encuentran en necesidad de apoyo material o espiritual. En palabras de Su Santidad el Papa Juan Pablo II, en su Carta Apostólica sobre el sentido cristiano del sufrimiento, “Cristo con su sufrimiento en la Cruz ha tocado las raíces mismas del mal: las del pecado y las de la muerte. Ha vencido al artífice del mal, que es Satanás, aunque su rebelión permanece contra el Creador. Ante el hermano o la hermana que sufren, Cristo abre y despliega gradualmente los horizontes del Reino de Dios, de un mundo convertido al Creador, de un mundo liberado del pecado, que se está edificando sobre el poder salvífico del amor. Y, de una forma lenta, pero eficaz, Cristo introduce en el mundo, en este Reino del Padre, al hombre que sufre, en cierto modo a través de lo íntimo de su sufrimiento.

La enfermedad es algo que incide en todo hombre y le afecta en lo mas profundo de su ser. El hombre experimenta en ella su limitación y descubre la soledad, el abatimiento, la preocupación, la angustia e incluso la desesperación. Por otro lado, la enfermedad pone en evidencia todo aquello que es transitorio, apariencia, circunstancial y muestra lo que es verdadero y perdura.

La escritura ve en la enfermedad un efecto del pecado, un indicio del mal y el dolor que hacen realidad las palabras del apóstol Pablo en su carta a los Romanos (Rm 8,22-24), cuando señala que toda la Creación gime por la plena manifestación de los hijos de Dios, incluso nosotros mismos, que tenemos el Espíritu como anticipo, participamos del universal dolor de parto aguardando la plenitud de la Nueva Creación.

Juan Pablo II decía en una de sus alocuciones: El sufrimiento es también una realidad misteriosa y desconcertante. Pero nosotros -cristianos- mirando a Jesús crucificado encontramos la fuerza para aceptar este misterio. El Cristiano sabe que, tras el pecado original, la historia humana es siempre un riesgo; pero sabe también que Dios mismo ha querido entrar en nuestro dolor, experimentar nuestra alegría, pasar por la agonía del espíritu y desgarramiento del cuerpo. La fe en Cristo no suprime el sufrimiento, pero lo ilumina, lo eleva, lo purifica, lo sublima, lo vuelve válido para lograr la eternidad”.

Jesús aparece en los Evangelios como el gran adversario y el vencedor de la enfermedad. Debido a esta actuación de Jesús, la Iglesia siempre se ha sentido llamada a una especial solicitud hacia los enfermos, procurándoles el alivio y fortaleza. Por medio de esta sacramento se nos manifiesta que Dios no olvida a las personas gravemente enfermas, ni a los ancianos, ni aquellos que se encuentran en un momento difícil. Al contrario como Padre lleno de bondad, ha preparado un apoyo para aquellos hijos suyos.

Este gesto sacramental que realiza la comunidad cristiana se basa en la conducta de Jesús, insinuándose en el relato de la misión de los apóstoles: “Ellos se fueron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban” (Mc 6, 12-13).

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