| QUERIDOS SOCIOS:
COMENZAMOS UN TIEMPO PRECIOSO PARA RENOVAR NUESTRO AMOR CON
EL SEÑOR.
EL TIEMPO DE CUARESMA es un período particularmente
apto para despertar en los fieles el sentido de la vida cristiana concebida
“como una gran peregrinación hacia la casa del Padre, del
cual se descubre cada día su amor incondicionado por toda creatura
humana.
Para entrar en la casa del Padre hay que franquear un umbral, «símbolo
del paso desde el mundo herido por el pecado al mundo de la vida nueva
al que todos los hombres son llamados» (Catecismo de la Iglesia
Católica, n. 1186). Es el umbral de la conversión. La
Cuaresma se inicia con la imposición de las cenizas y la invitación
“convertíos y creed al Evangelio”. El acto penitencial
con que se inicia la celebración eucarística puede adquirir
en Cuaresma un sentido particular. En él, la Iglesia implora
la misericordia de Dios: ante el derroche de misericordia del Padre,
el creyente no puede sino situarse en la disposición de ánimo
del publicano de la Parábola evangélica (Cf. Lc 18,13)
y asumir, además de sus sentimientos, también sus gestos
de arrepentimiento y de reconocimiento de la propia indignidad para
poder entrar en relación de fe con el misterio de Cristo que
se celebra. La conversión es un aspecto que caracteriza toda
la existencia cristiana.
Con el Miércoles de Ceniza comenzamos la Cuaresma: Es como un
“pregón de Cuaresma. Es el pórtico de cuarenta días
para acercarnos a la Pascua del Señor. Son 40 pasos para acercarnos
a la casa del Padre... Es un largo recorrido, pero el camino se hace
corto si eliminamos peso (pecados) y si avivamos el deseo ardiente de
encontrarnos con la persona que más nos ama.
Los signos de la Cuaresma: tres acciones, desde el ámbito personal
y también del comunitario, pueden hacer que este tiempo de Cuaresma,
inaugurado el Miércoles de Ceniza, sea diferente y especial:
La Oración. El diálogo más intenso con Dios nos
devuelve a la comunión con Él, mediante la escucha de
la llamada a la conversión. Se trata de recuperar el trato y
la amistad con Dios, como fuente de todo bien. Se ha de incrementar
durante toda la Cuaresma. Acudimos a Dios pidiendo fuerzas para realizar
en nosotros mismos la reforma cuaresmal, para cambiar radicalmente nuestras
formas de ser. ¡Qué la Palabra de Dios sea nuestro pan
cotidiano!.
El Ayuno y la abstinencia. El ayuno y la abstinencia es, antes que anda,
prescindir de cosas superfluas, privarnos de nuestros excesos y de la
sobreabundancia en la que vivimos y que nos impide amar a Dios y al
prójimo. Así descubrimos que el verdadero alimento nos
viene de Dios: “No sólo de pan vive el hombre”. Nos
ayuda a lograr el dominio sobre uno mismo, la lucha contra las pasiones,
la libertad espiritual y la reconciliación con nosotros mismos.
Eso nos abrirá también a las necesidades de los demás,
pues la privación voluntaria abre nuestro corazón a la
comunicación de bienes. Tiene un contexto más profundo
y esencial que la simple abstinencia de alimentos. No es el hecho simple
de no comer carne lo que más ha de importar sino el espíritu
con que se realiza: el significado del “señorío
sobre nuestros propios instintos”. Un pequeño sacrificio,
en la vida tan cómoda que llevamos, no viene mal. Es el ayuno
del hombre viejo, el ayuno del pecado, la renuncia a los propios caminos
para abrazar los de Cristo.
La limosna o misericordia. Son gestos que nos abre a las necesidades
del prójimo, a compartir con quienes no tienen. De este modo,
alcanzamos la paz y la reconciliación con los hermanos. Hay nuevas
formas de limosna: compartir nuestro tiempo, una vida austera en la
educación de los hijos, enseñándoles a compartir.
Actividades para vivir mejor la cuaresma:
1. charlas cuaresmales: Ser cristiano hoy en la Iglesia
y en el Mundo. Días: 14, 15 y 16 a las 19:30.
2. Jornada de Oracion: te invitamos a orar. Estará
expuesto el santísimo durante todo el día. Oración
comunitaria 20:00 horas.
3. Acto penitencial el sábado 1 de abril a
las 17:00 horas
Un abrazo vuestro párroco.
Tomás Suárez Fernández.
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