LA
ESPIRITUALIDAD EN CUARESMA
¿Qué es la cuaresma?
Cuaresma es el tiempo litúrgico penitencial y de conversión
por excelencia de la Iglesia.
Es la intensa preparación para la celebración de los misterios
de la pascua.
No hay Cuaresma para celebrar la Pascua, sino porque celebramos la Pascua
nos preparamos en Cuaresma.
El tiempo cuaresmal prepara a los fieles a oír la Palabra de Dios más
intensamente y a orar, especialmente mediante el recuerdo o la preparación
del bautismo y la penitencia, para celebrar el Misterio Pascual (SC 109).
¿Cuál es la espiritualidad de la cuaresma?
Tú, oh Dios, concedes a tus hijos anhelar, año tras año,
con el gozo de habernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que dedicados
con mayor entrega a la alabanza divina y el amor fraterno, por la celebración
de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos
de Dios (I prefacio de cuaresma).
La espiritualidad cuaresmal es pascual-bautismal-penitencial-eclesial.
La cuaresma es tiempo de contemplación de la historia de la salvación
que encamina nuestra conversión cuaresmal a dejar actuar a Dios en
nuestra propia historia de salvación, cristificándonos con Jesús,
elevando nuestra vida moral.
En cuaresma hay que ir al desierto; al interior silencioso y reposado para
producir un libre distanciarse en el espíritu. En el desierto se aprende
a saborear, a callar y escuchar antes que hablar. Se aprende a encontrar la
propia identidad y el proyecto de Dios sobre nuestra vida.
En el propio desierto es más fácil contemplar los desiertos
del hombre y de la sociedad actual; desiertos de Dios, de humanismo, de solidaridad;
desiertos de esperanza, de libertad, de trascendencia.
En cuaresma hay que ir al desierto interior con Dios para mostrarle nuestras
grietas más íntimas y relacionales, nuestra aridez, para suplicarle
el agua del oasis de su gracia sanadora.
Cuaresma es un tiempo de contemplación de Jesús liberador que
vino para que tengamos vida en abundancia (Jn 10,10) y para que su verdad
nos haga libres (Jn 8,32 ) de nuestros miedos, ideologías y frustraciones.
Cuaresma es salir del Egipto de nuestras esclavitudes y pasar al mar de la
libertad de los hijos de Dios.
Cuaresma es un tiempo de contemplación de la ascesis de Jesús,
quien nos invita a la disciplina del reposo, calma y silencio en el interior
del alma, para acentuar su capacidad de concentración en la oración
y contemplación de Dios que nos lleva a la búsqueda de la humildad,
pureza del corazón, dominio de la posesión, haciéndonos
transparentes ante Dios y los hombres.
¿Cuál es el sentido del ayuno y abstinencia?
Téngase como sagrado el ayuno pascual; ha de celebrarse en todas partes
el viernes de la pasión y muerte del Señor y aun extenderse,
según las circunstancias, al sábado santo, para que de este
modo se llegue al gozo del domingo de Resurrección con elevación
y apertura de espíritu (SC 110).
La invitación a ayunar, sobre todo en el tiempo de cuaresma, no tiene
la intención de un castigo, de una automortificación disciplinar
o de desprecio del cuerpo.
Al contrario, el ayuno ha de vivirse bien, sin angustias ni exageraciones;
sin escrúpulos ni actitudes enfermizas. En resumen: con alegría
cristiana.
El padre Francisco Javier Chávarry sintetiza así el sentido
y misión del ayuno:
1. El ayuno es un signo sacramental de nuestra pascua. Es un signo exterior
de nuestra conversión, que anima nuestra esperanza. No es un ayuno
triste. Jesús está con nosotros y nos incorpora a su resurrección.
2. Renunciar al pan humano nos recuerda que el pan de vida es Cristo y su
palabra. Debemos comprender que no se vive para comer y beber. El hombre,
por ser imagen y semejanza de Dios, tiene hambre y sed de vida eterna.
3. Ayunando queremos expresar que los valores materiales no son absolutos.
Es una respuesta a una sociedad consumista, que nos invita a apropiarnos de
las cosas y no darles un uso correcto. Con el ayuno, la cultura del tener
se convierte en la cultura de la solidaridad y del compartir.
4. El ayuno nos hace más libres. Es signo del dominio sobre nosotros
mismos, sin que eso signifique motivo de orgullo y soberbia. Es un signo para
estar disponibles al servicio y a la caridad.
5. El ayuno nos abre a los demás. Lo que ahorramos ayunando podemos
destinarlo a las necesidades ajenas. La solidaridad es un fruto del verdadero
ayuno.
6. Es útil para la salud holística de nuestro ser. El ayuno
es muy importante, pues nos ayuda a tener un bienestar físico, psicológico
y espiritual. El exceso de comida y bebida, por no compartir, nos resta dinamismo
espiritual, nos embota y nos enferma.
¿Cómo es el ayuno que los profetas preconizaban?
El ayuno que yo quiero es éste: abrir las prisiones injustas, desatar
las coyundas de los yugos, dejar libres a los oprimidos, romper todas las
cadenas, partir tu pan con el que tiene hambre, dar hospedaje a los pobres
que no tienen techo; cuando veas a alguien desnudo, cúbrelo, y no desprecies
a tu semejante.
Entonces brillará tu luz como la aurora, enseguida te brotará
la carne sana; tu justicia te abrirá camino y detrás de ti irá
la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor y él
te responderá, gritarás y él te dirá: “Aquí
estoy”.
Cuando destierres de ti los yugos, el gesto amenazante y las malas intenciones;
cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente,
entonces brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá
mediodía.
El Señor te dará reposo permanente, en el desierto saciará
tu hambre, dará vigor a tus huesos, serás un huerto bien regado,
un manantial de aguas cuya vena no se agota; reconstruirás viejas ruinas,
levantarás cimientos de antaño, te llamaran “reparador
de brechas”, “restaurador de casas en ruinas” (Is 58, 6-12).
¿Cuándo se determinó confesarse al menos una vez al año
por pascua?
El concilio IV de Letrán (1215), convocado por el Papa Inocencio III,
impone por ley eclesiástica a todos los fieles en uso de razón
el deber de confesar sus pecados al menos una vez al año.
La finalidad de esta normativa: concientizar a los fieles cristianos de la
suma importancia del tiempo cuaresmal como camino a la pascua; tiempo bautismal
para regenerarse por la gracia de la reconciliación hacia el camino
de la santidad.