COMO ORAR
Si es verdad, como dijo K. Rahner, que el cristiano de este siglo o será un místico o no será, la urgencia de educar a
la oración y de orar como experiencia normal del creyente que escucha la revelación de Dios y dialoga con Él, se situa
entre las tareas más importantes del futuro de la Iglesia.
La situación actual del cristianismo, oscila entre la secularización y el retorno a la búsqueda de lo sagrado, entre la
marginalización de la fe y de los creyentes, por una parte, y el recurso a los magos y a las sectas por otra. Por eso
vivir hoy la fe significa personalizarla. Crecer en la identidad de la vida cristiana conlleva un contacto cotidiano con
el Dios vivo. Toda forma de meditación y de contemplación no es sino una prolongación de la gracia del bautismo, de la
confirmación y de la eucaristía.
Aquellos que acuden a la oración y piensan que no saben, ya están orando. En realidad a orar se aprende orando, que la
oración es don del orante por excelencia y maestro interior, el Espíritu Santo, y arte a la vez, algo tan sencillo como
hablar con un padre, un hermano o un amigo, un esposo, como dice Santa Teresa, y a la vez tan arduo como saber tratar
con ese Dios trascendente, tan escondido, como el Amado del Cántico espiritual de San Juan de la Cruz.
LAS LEYES ESTRUCTURALES DEL DIÁLOGO CON DIOS
La oración presupone una relación y, más precisamente, una relación de amor
Los hombres de la Biblia son los amigos de Dios. La oración, por tanto, puede descubrirse en la línea de la amistad y
los orantes son los amigos de Dios que conversan con Él ya que son invitados por Él a ese coloquio.
En relación con el hombre, Dios tiene siempre la iniciativa
Aunque en la Biblia parezca prevalecer la "búsqueda de Dios", es Él quien se mueve primero en busca del hombre. Si Dios
no se hubiese revelado, todas las fatigas experimentadas para encontrarle serían válidas; pero si Él se ha revelado,
es justo y prudente que lo busquemos a través del camino de su revelación concreta.
En el diálogo hay que dejar a Dios la iniciativa: orar es sobre todo escuchar
La oración en la Biblia privilegia la actitud dela escucha: "Escucha, Israel" (Dt 6,4). Al principio ya existía la
Palabra. Jesús es la revelación total de Dios. Orar es acoger esta palabra y este misterio.
El hombre de la Biblia transforma en oración todas las realidades que pueblan su vida
El Dios de la oración es el Dios de la salvación, el Dios de la vida. "La oración no es una experiencia aparte, un hecho
aislado. No está la oración, por un lado, y la vida, por el otro. Se ora lo que se vive..."
La oración bíblica (cristiana) es sobre todo contemplativa
Sin prescindir de la realidad personal del orante y de cuanto lo rodea, el interés de la oración apunta hacia Dios,
hacia su persona y hacia su acción. La oración es esencialmente teocéntrica. A partir de Dios, el orante sabrá volver
a sí mismo y a las cosas que tiene que realizar, para su gloria y en su servicio.
LOS PROTAGONISTAS DE LA ORACIÓN
Generalmente se pone el acento en la relación dialogal entre Dios y el hombre. En cambio es más justo abrirnos a la
dimensión triangular: Dios-yo-los otros.
El Dios de Jesucristo
El Dios de nuestra oración es el Dios de la revelación en su dimensión trinitaria: Padre, Hijo, Espíritu Santo.
La persona orante en su complejidad
El compañero de Dios en la oración es el cristiano en el realismo y en la complejidad de su persona. Nunca debe eludir
esa confrontación con la realidad de la vida para ponerse en presencia de Dios sin máscaras.
Los otros: el "con Dios" y "con nosotros" de la oración
En la relación persona/comunidad en la que vive el creyente, la solidaridad humana con todos los demás y la dimensión
de comunión eclesial con todos los miembros del mismo Cuerpo que es la Iglesia, los otros no son unos extraños, son el
"con-migo" de la historia de la salvación.
La valoración pedagógica de las mediaciones
El carácter no inmediato de la relación con Dios, si no es mediante la fe y el amor, la no visibilidad de su presencia
y la no audibilidad de su palabra y de su voluntad, deben abrir el discurso a las mediaciones de la presencia y de la
revelación del Dios de la oración. En efecto, la oración-diálogo con Dios-se realiza a través de las mediaciones.
Estas mediaciones pueden ser: la Eucaristía, la Palabra de Dios, la naturaleza, los acontecimientos de la historia, las
imágenes, las diversas plegarias simples repetitivas.
Del mismo modo, dichas mediaciones pueden estar al servicio de una expresividad orante por parte de los que
desean estar en total relación con Dios a través de las formas expresivas: la oración con los gestos, la oración con el
cuerpo, la oración con el canto, la meditación, el silencio contemplativo.
La interiorización de la oración
Dado que el encuentro con Dios tiende a realizarse en lo más intimo de nosotros, toda la actividad orante debe poco a
poco llegar a una interiorización, con el que todo el hombre se pone a la escucha de Dios y responde a Dios.
En esa tarea de interiorización, hay que subrayar estas dos posibilidades que van al mismo compás:
n la progresiva interiorización de la mediaciones externas. interiorización de la palabra, la plegaria ritmada y
repetida, la presencia eucarística, la imagen...
la progresiva interiorización de la metodología orante a través de los grados de la oración, como indican los
maestros de la oración cristiana: plegaria vocal, meditación, oración de recogimiento, simple contemplación o atención
amorosa...
El camino de la interiorización no puede dejar de ir a la par con un progreso real en la totalidad de la relación
real con Dios en todo el sentido de la vida cristiana, a nivel moral y espiritual.
LA ORACIÓN COMUNITARIA
Si bien la oración hecha en oculto y cerrada la puerta(Mt 6,6), que es necesaria y debe recomendarse siempre , la
realizan los miembros de la Iglesia por medio de Cristo y en el Espíritu Santo, la oración comunitaria encierra una
especial dignidad, conforme a lo que el mismo Cristo manifestó: allí estoy yo en medio de ellos(Mt 18,20).
La oración personal carece a menudo de una verificación. La oración comunitaria ayuda a comprometerse más, si no
por otra cosa, por coherencia con los hermanos.En efecto, en la medida en que la oración progresa con sinceridad, se
experimenta la necesidad de expresar en la vida los sentimientos que se comunican en voz alta. Antes o después el grupo
llega, en una búsqueda de autenticidad, a adoptar compromisos concretos, que brotan de la oración para actuar con
coherencia en la Iglesia.
Por una simplificación de la oración
1. Al principio se siente uno inclinado a ver la oración como una acción propia, pero a medida que uno madura se da
cuenta de que es un don de Dios, una acción del Espíritu Santo.
2.Al principio se entiende la oración como pedir para sí. Más tarde se descubre que también significa interceder,
pedir por los demás. Pero con los años se descubre que vale mucho más el dar gracias y el alabar a Dios.
3. Al principio se toman para la oración fórmulas aprendidas de memoria o sacadas de los libros. Pero hay que aprender
también a orar desde el corazón, con una oración espontánea.
4. Al principio se aprecia una oración detallada y extensa, que exprese todas las ideas de uno y todas las intenciones.
Cuando uno madura más, se aprende la fuerza que tienen una jaculatoria, una oración breve, la oración de Jesús, las
fórmulas simples...
5. Al principio se busca mucho el cambio y la variedad en la oración. Con la edad se aprende el valor que tiene la
repetición.
6. Al principio uno depende mucho del lugar, del tiempo, de los gestos tradicionales de la oración. Pero es bueno que
se aprenda a rezar también en todo lugar, en todo tiempo.
7. Al principio se cree que la oración litúrgica no tiene nada que ver con la oración personal. Más tarde se descubre
la fuerza que tienen también para la oración privada las oraciones tomadas de la liturgia.
8. Los Salmos se consideran al principio como oración para los momentos litúrgicos. Y un buen día se descubre que el
Salterio es una reserva estupenda para orar personalmente, si se oran con Cristo y por Cristo.
9. Al principio se cree que el orar y el leer la Biblia son dos cosas diferentes, Más tarde se descubre que leer la
Biblia orando es algo fácil y estupendo.
10. Al principio parece que al orar no se puede prescindir de las palabras. Pero a algunos les es dado también orar
sin palabras, en una oración silenciosa que puede ser muy profunda y madura.
ACTUALIDAD DE LA ORACIÓN
Después de una fuerte crisis de la oración en los decenios anteriores, parece clara la tendencia a una fuerte
recuperación de la oración, a través de la cual se alcanza el deseo nostálgico e ideal de la humanidad: ser Dios y ser
como Dios.
Por lo que se intuye la necesidad de la oración en el ámbito de la pastoral de las Iglesias locales y de establecer
escuelas de oración a nivel diocesano y parroquial.
"La Iglesia es la sociedad de hombres que oran. Su finalidad primaria es enseñar a orar. Es una escuela de oración".
(Pablo VI)
"Purifícate y verás el cielo en ti...La patria espiritual del hombre con el alma purificada está dentro de
él. El sol que brilla en él es la luz de la Trinidad. El aire que respiran los pensamientos que le afloran es el
Espíritu Santo Consolador...Su vida, su fiesta es Cristo, luz de la luz del Padre. Un hombre así goza a toda hora de la
contemplación de su alma, se maravilla de la belleza que ve en él, cien veces más luminosa que el esplendor solar. Es
el reino de Dios oculto dentro de nosotros, según la palabra del Señor (Isaac el Sirio., Tratado ascético n. 43).
BIBLIOGRAFÍA GENERAL
CASTELLANO JESUS., Pedagogía de la oración cristiana, Biblioteca Litúrgica 1996.