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Periodismo + digno

Publicado: 07/02/2017: 605

Sobre la crisis y sus responsables más cercanos

La corrupción no se da sólo en la clase política, también en nuestros ámbitos más cercanos

Creemos que vivimos en un estado de justicia cuando entre las leyes aprobadas por nuestros gobiernos se prioriza el derecho de los fuertes frente a los débiles, de los viciados frente a los virtuosos, de los mal-nacidos por desagradecidos frente a los ni siquiera nacidos… en definitiva, cuando se legaliza la injusticia. Y nos cuesta desenmascarar la falsedad de una realidad creada y diseñada por los que ostentan el poder y sostienen la economía, privando al ciudadano medio de información veraz y un mínimo de dignidad. Podría poner ejemplos y no acabar, pero me basta con mirar mi amada y denostada profesión, el periodismo que, sin ser la única afectada ni la más importante, sufre como nunca en las últimas décadas.

La priorización del beneficio y el negocio en detrimento del oficio, ha desvirtuado la misión del periodismo

Me apena decir que en más de 20 años en activo, no he visto el periodismo tan poco reconocido y valorado como hasta ahora. Y no por culpa de la sociedad que sigue necesitándolo  y demandándolo cada vez más, sino por culpa de los empresarios en cuyas manos está la posibilidad de mejorar su reputación y la dignidad de los periodistas. El mercantilismo, la priorización del beneficio y el negocio en detrimento del oficio, ha desvirtuado la misión del periodismo al igual que otras profesiones, cuando acaban sometiéndose a la voluntad del que pone la pasta y no al bien del cliente para el que se trabaja. Vemos cómo eso que ocurre en los medios, pasa también en la política, en la sanidad, en cualquier otro ámbito cuando se orienta única y exclusivamente al interés personal o de unos pocos, frente al interés general.
No hace falta recordar la falta de solidaridad y responsabilidad de quienes han propiciado la crisis económica cuyas consecuencias acaban pagando los ciudadanos medios y los más desfavorecidos. Pero tampoco vendría mal recordar que la crisis, a la que aún nos enfrentamos, tiene como principal causa el acostumbramiento generalizado a la corruptela y la colaboración directa o indirecta con ella en todos los órdenes y niveles de la sociedad. Sí, todos, y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Todos somos responsables en alguna medida de la crisis, bien porque la provocamos, bien porque la vemos venir y no denunciamos, bien porque nos dejamos llevar, engañar, manipular, como quien encoge hombros sin cuestionar lo que sucede a nuestro alrededor.
No podemos decir que sea justa la contratación de becarios en prácticas pudiendo contratar a una persona cualificada y experimentada. No podemos conformamos con aplicar la ley de la contratación de becarios en prácticas porque nos sale más económica y rentable. No es justo que las empresas que no están en quiebra se lucren a costa de la miseria y el hambre de los más pobres, y justifiquen sus prácticas en que la ley les ampara y, mire usted por donde, les permite hacer lo que más les conviene. Una empresa que actúa así y que se niega a contratar un profesional experimentado pudiendo hacerlo, no merece aprobación. Ninguno de los miles de alumnos que han pasado por mis aulas, estudiantes de periodismo, publicidad o comunicación audiovisual deberían aceptar un contrato de becario donde no existe un profesional de la comunicación previamente contratado y del que puedan aprender. El becario en prácticas es una figura que debe de ser tutelada por otro profesional con la misma formación.
Esto, que también ocurre en otras profesiones, está matando la mía. Por eso quiero recordar que la corrupción no se da sólo en la clase política, sino también en nuestros ámbitos más cercanos, como el bar de abajo o cualquier oficina.
No nos engañemos, y no dejemos que nos engañen. Todos y cada uno podemos haber pactado o colaborado con alguna de las corruptelas que agravan la crisis que sufrimos, y sólo cada uno puede y debe acabar con ellas en el ámbito de su competencia. No miremos a otros gremios, sino al nuestro, porque en el de cada uno hay corruptos, y ojo, si no los vemos, igual es que lo somos nosotros. Bromas aparte, de cada cual depende que en nuestro entorno más cercano, en nuestra comunidad de vecinos, en nuestro barrio, en nuestra oficina…, haya o no más dignidad, igualdad y solidaridad. No mintamos, llamemos a cada cosa por su nombre, y reconozcamos nuestra parte de responsabilidad en esta crisis que más allá de lo económico, afecta a nuestras prácticas cotidianas.
Y un último aviso para esos empresarios, en cuyas manos está el poder de mejorar, salvar y dignificar a otros, o el poder de corromper, destruir y acabar con su propia reputación. Muchas barbas se han cortado ya, pero muchas más habrá que remojar, enmendando desvíos y generando empleo, pero empleo digno.


Mª Ángeles Cabrera

María Ángeles Cabrera es Profesora Titular de Periodismo en la Universidad de Málaga, y experta en Innovación periodística. Trabajó en ABC, COPE y Málaga TV. Es directora de proyectos de I+D+i e investigadora en la Universidad Hebrea de Jerusalén.

@mariangelescg
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