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Roberto Rojo: «Tomar café con D. Ramón es un honor y una grandeza»

D. Ramón y Roberto Rojo en \'La Gota de Leche\' de Melilla · Autor: ANA OÑATE
Publicado: 27/08/2014: 8733

Roberto Rojo, vicario de Melilla, se suma a las felicitaciones a D. Ramón Buxarrais por su onomástica. «Felicidades y gracias por todo lo que nos has aportado con tanta humildad y cercanía», dice Roberto, a quien D. Ramón ordenó sacerdote hace 25 años en la Catedral de Málaga.

Roberto Rojo, vicario de Melilla, profesa un gran cariño y admiración hacia el obispo emérito. Roberto, que este año ha celebrado sus bodas de plata sacerdotales, admite que D. Ramón fue una figura fundamental en su discernimiento. «Yo soy sacerdote gracias a él, fui de los últimos sacerdotes que él ordenó. Y todavía trato de seguir aprendiendo de él», afirma Roberto.

Hoy, los dos realizan su labor pastoral en Melilla. Roberto visita muy a menudo al obispo emérito. Y se siente afortunado de tenerle cerca. «A mí, por lo menos, simplemente el café que tomo con él aquí en la mañana es un honor y una grandeza para coger esas fuerzas que necesitamos en cada momento».

A Roberto todos los buenos calificativos le parecen pocos para definir a D. Ramón: «Es cercano, cariñoso y una persona que sabe escuchar. Una persona que trata de crear la igualdad en lo que está en su mano, desde su sentir. Una persona bondadosa. Y una persona entregada».

En este sentido, el vicario de Melilla detalla: «Las palabras del papa Francisco son muy oportunas para definir lo que la presencia de D. Ramón significa para la Iglesia de Melilla: ese servir en el silencio y en el rincón de su vida. Está siempre dispuesto al servicio sin darse importante. Siendo ese ser  que Dios ha puesto en el mundo para crear esa gracia de Dios».

Roberto Rojo dedica a Don Ramón esta cariñosa felicitación ante su próxima onomástica: «Felicidades, D. Ramón y gracias por todo lo que nos ha aportado con tanta humildad y cercanía. Desde el día que le conocí ha sido un pastor que intentaba conocer a sus ovejas y acercarse a ellas aceptándolas como son, llevándolas siempre hacia Dios. Yo, en estos momentos, que está viviendo, en una etapa que le deja tiempo para meditar, le pediría que siga aportándonos. Muchas veces no es cuestión de decir muchas palabras. Sus aptitudes, su forma de ser, ya nos están ayudando y aportando mucho».

 

 

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