A las doce de la noche se nos comunicaba la muerte de D. José Pulido, la víspera de la fiesta de la Inmaculada Concepción, la Virgen de Adviento. Y debía ser así, que D. José fuera llamado a la casa del Padre, precisamente en este tiempo litúrgico donde la Palabra de Dios nos invita a la esperanza y a la acogida del Señor como María. Esperanza y acogida que han sido dos actitudes que han marcado profundamente la vida de D. José. Él amaba tiernamente a la Virgen y la invocaba bajo la advocación de “Ntra. Sra. del Valle”, patrona del oriente venezolano dónde durante tantos años ejerció su misterio sacerdotal.