La santa que celebramos este 27 de enero es una de esas mujeres que revolucionaron la Iglesia haciéndola más madre, más cercana a los hombres y mujeres de su tiempo. Nacida en 1474 en el pequeño pueblo italiano de Desenzano del Garda (de Mérici es su apellido, no el lugar de su nacimiento), tenía clara su vocación religiosa y se convirtió en terciaria franciscana.