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Antequera celebra unida la Vigilia Pascual

Publicado: 07/04/2015: 7478

La iglesia mayor y colegial de San Sebastián acogió la celebración presidida por el arcipreste padre Antonio Fernández

La ciudad de las iglesias, Antequera, celebró conjuntamente la Vigilia Pascual, unificando las celebraciones pascuales de todas las parroquias en una sola, en la iglesia mayor de San Sebastián, en celebración presidida por el arcipreste de la ciudad, padre Antonio Fernández López.

Tras las celebradas en los diferentes conventos de clausura que la ciudad atesora, San Sebastián congregó a todas las parroquias a las 22 horas en la Vigilia Pascual de Resurrección de Antequera, con bendición del fuego en la puerta del templo, para pasar a su interior y colocar todos los cirios pascuales de cada una de las parroquias participantes.

Se llenaron los bancos y se contó con la participación de feligreses de cada parroquia, contando en los coros a las hermanas religiosas de la Beata Madre Carmen del Niño Jesús. SE leyeron todas las lecturas, se cantó el pregón pascual y se bendijo el agua bautismal.

Previamente a la celebración, el Arcipreste se refirió  a "la lectura gozosa y pausada del Evangelio de este día me lleva a compartir con los antequeranos estas reflexiones. Es el final que da sentido: si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe. Comprobación de que el sepulcro está vacío".

La realidad del sepulcro vacío es una verdad que la interpretación evangélica actual da por adquirida. Históricamente parece que se debe aceptar que en Jerusalén había un sepulcro en que estuvo el Señor. Este dato favorece la explicación de la maravilla ocurrida aquella mañana.

Necesitamos traducir el acontecimiento a términos inteligibles. Jesús ha resucitado realmente, es decir, todo el ser humano de Jesús que se entregó en la cruz, todo Él, resucita al tercer día. Y la forma de explicar esta realidad es afirmar que el sepulcro estaba vacío.

Aunque la carrera de los dos discípulos al sepulcro confirma nuestra seguridad, la experiencia del sepulcro vacío requiere la iluminación interior para comprender lo sucedido realmente. Eso es lo que quiere decir Juan cuando afirma “vio y creyó”. El encuentro de los Apóstoles con Jesús vivo y resucitado fue más profundo, más sólido. Sólo el sepulcro vacío no podía garantizar la seguridad de nuestro destino hacia la vida. Dios intervino de modo singular y privilegiado en favor de los apóstoles pregoneros del magnífico acontecimiento de la Resurrección.

Desde entonces el hombre tiene la certeza y seguridad de que su destino vuelve a ser para siempre la vida y la vida gloriosa y feliz. El sepulcro vacío es una señal que nosotros necesitamos para concretar y encarnar la fe. Porque la fe, don divino, es para el hombre.

La afirmación central en la mañana de Pascua fue ésta: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado”. La Resurrección al tercer día es una fórmula de venerable antigüedad. A lo largo del relato evangélico, el autor joánico ha insistido en la fuerza de los “signos” para acercarse a Jesús. Ahora el Discípulo Amado ve los “signos” y cree en que Jesús estaba vivo de otra forma y para siempre. Una vez se quiere afirmar a la vez el realismo y la trascendencia de la resurrección de Jesús. Y esto se apoya en la Escritura.

También forma parte de la fórmula de fe que nosotros profesamos: resucitó al tercer día según la Escrituras. Las Escrituras son la expresión literaria del proyecto de Dios. Dios cumple su plan a pesar de todas las resistencias. Y lo ha cumplido devolviendo la vida a su Hijo hecho hombre y, en comunión personal con Él, a todos los hombres.

La vida humana encuentra en Jesús resucitado la respuesta al interrogante más hondo incrustado en la intimidad del hombre: el anhelo de vivir y vivir siempre y feliz. ¡Ahora como entonces necesitamos los “signos” y la Escritura para el encuentro de los hombres con Jesús Resucitado!", concluyó el Arcipreste ante la víspera de la Pascua de Resurrección.La Ciudad de las Iglesias, Antequera, celebró conjuntamente la Vigilia Pascual, unificando las celebraciones pascuales de todas las parroquias en una sola, en la iglesia mayor de San Sebastián, en celebración presidida por el arcipreste de la ciudad, padre Antonio Fernández López.

Tras las celebradas en los diferentes conventos de clausura que la ciudad atesora, San Sebastián congregó a todas las parroquias a las 22 horas en la Vigilia Pascual de Resurrección de Antequera, con bendición del fuego en la puerta del templo, para pasar a su interior y colocar todos los cirios pascuales de cada una de las parroquias participantes.

Se llenaron los bancos y se contó con la participación de feligreses de cada parroquia, contando en los coros a las hermanas religiosas de la Beata Madre Carmen del Niño Jesús. SE leyeron todas las lecturas, se cantó el pregón pascual y se bendijo el agua bautismal.

Previamente a la celebración, el Arcipreste se refirió  a "la lectura gozosa y pausada del Evangelio de este día me lleva a compartir con los antequeranos estas reflexiones. Es el final que da sentido: si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe. Comprobación de que el sepulcro está vacío".

La realidad del sepulcro vacío es una verdad que la interpretación evangélica actual da por adquirida. Históricamente parece que se debe aceptar que en Jerusalén había un sepulcro en que estuvo el Señor. Este dato favorece la explicación de la maravilla ocurrida aquella mañana.

Necesitamos traducir el acontecimiento a términos inteligibles. Jesús ha resucitado realmente, es decir, todo el ser humano de Jesús que se entregó en la cruz, todo Él, resucita al tercer día. Y la forma de explicar esta realidad es afirmar que el sepulcro estaba vacío.

Aunque la carrera de los dos discípulos al sepulcro confirma nuestra seguridad, la experiencia del sepulcro vacío requiere la iluminación interior para comprender lo sucedido realmente. Eso es lo que quiere decir Juan cuando afirma “vio y creyó”. El encuentro de los Apóstoles con Jesús vivo y resucitado fue más profundo, más sólido. Sólo el sepulcro vacío no podía garantizar la seguridad de nuestro destino hacia la vida. Dios intervino de modo singular y privilegiado en favor de los apóstoles pregoneros del magnífico acontecimiento de la Resurrección.

Desde entonces el hombre tiene la certeza y seguridad de que su destino vuelve a ser para siempre la vida y la vida gloriosa y feliz. El sepulcro vacío es una señal que nosotros necesitamos para concretar y encarnar la fe. Porque la fe, don divino, es para el hombre.

La afirmación central en la mañana de Pascua fue ésta: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado”. La Resurrección al tercer día es una fórmula de venerable antigüedad. A lo largo del relato evangélico, el autor joánico ha insistido en la fuerza de los “signos” para acercarse a Jesús. Ahora el Discípulo Amado ve los “signos” y cree en que Jesús estaba vivo de otra forma y para siempre. Una vez se quiere afirmar a la vez el realismo y la trascendencia de la resurrección de Jesús. Y esto se apoya en la Escritura.

También forma parte de la fórmula de fe que nosotros profesamos: resucitó al tercer día según la Escrituras. Las Escrituras son la expresión literaria del proyecto de Dios. Dios cumple su plan a pesar de todas las resistencias. Y lo ha cumplido devolviendo la vida a su Hijo hecho hombre y, en comunión personal con Él, a todos los hombres.

La vida humana encuentra en Jesús resucitado la respuesta al interrogante más hondo incrustado en la intimidad del hombre: el anhelo de vivir y vivir siempre y feliz. ¡Ahora como entonces necesitamos los “signos” y la Escritura para el encuentro de los hombres con Jesús Resucitado!", concluyó el Arcipreste ante la víspera de la Pascua de Resurrección.

Antonio J. Guerrero

Periodista, director de El Sol de Antequera

@ajguerrero_sol