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FERMÍN NEGRE. Comentario al Evangelio de hoy, jueves 16 de julio

Publicado: 13/07/2020: 91021

Cada vez me gusta más el filósofo surcoreano Byung-Chul Han. Hemos desembocado en, lo que él llama, «la sociedad del cansancio».

Rendimiento y autoexplotación. Estándares de felicidad que nunca se alcanzan. Sociedad positiva sin límites. «Yes, we can». Puedes con todo. Producción ilimitada de un ser limitado. Enroscado en un tiovivo dando vueltas sin interrupción. «No puedes parar». Terminas cansado, infeliz, sobrepasado. Con múltiples reproches hacia ti mismo. Némesis de ti mismo.

El ser multitareas. Hiperactividad autoimpuesta. Y el resultado no es la felicidad prometida, sino el agotamiento existencial. Trampa perfecta que nunca tiene fin. Proletario de ti mismo.

Cansados y agobiados. ¿Cómo salir de la sociedad del cansancio? La mochila de la vida es muy pesada. Nos vamos sobrecargando. Hay que descargar. Pregunta. ¿Qué te agobia en este momento?

Hay alguien con los brazos abiertos en cruz deseando compartir y abrazar todos tus cansancios y paranoias. Solo en él hay descanso. Solo él puede convertir tus heridas en sabiduría. «Venid a mí», dice. No lo dudes. Te espera.

«Cuando haces el bien a los demás, a la vez te sanas a ti mismo» (D. Bonhoeffer) y se aligeran nuestros propios problemas. El amor que damos vuelve a nosotros como un bumerán.

Manso y humilde de corazón. ¡Viva la gente sencilla! Los que se hacen como niños sin perder su mirada pura, los que deciden vivir desde el servicio y no desde el poder, los que se vacían de orgullo, los que viven descentrados de sí mismos y caminan limpios de Espíritu.

«La humildad es andar en verdad». Nunca te creas por encima o por debajo de los demás. Las personas verdaderamente grandes no humillan y miran por encima del hombro, sino que se hacen pequeñas con todos. Humildad en los éxitos y fortaleza para levantarse de las caídas. La humildad no necesita adornos. Hace bella a la persona que la lleva.

Humildes porque somos frágiles como el barro; pero grandes porque Dios decidió alojarse en la vasija que somos. Como Francisco dice: «Dios está enamorado de nuestra pequeñez».

¡Nos rezamos!

Fermín J. Negre Moreno

Sacerdote