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FERMÍN NEGRE. Comentario al Evangelio de hoy, lunes 6 de julio

Publicado: 06/07/2020: 83199

Ver morir a un hijo. Experiencia fulminante de por vida.

Lo ves nacer, crecer y de pronto se va. No sé cómo aquella madre pudo soportar la muerte sucesiva de tres hijos en dos años. Yo era el párroco. Ningún padre o madre debería pasar por ese cáliz de amargura. La vida con absurdidad. Herencia invertida -de hijos a padres-. Dolor supremo.

Ese jefe de los judíos había perdido a su niñita. Sin fe Dios no puede hacer nada. Ya le pasó en su propia tierra donde no pudo hacer muchos milagros. Pero aquel hombre confió. Soltó en Jesús todos sus temores, todo lo que le angustiaba.

Y mientras tanto, ese día se avecinaba doble curación. Excluida y aislada de la vida social, excomulgada religiosamente, por impureza de sangre. Doce años de destierro e infierno. Discreta, escondida entre la gente, para no ser rechazada, llega a tocar la orla del manto más con la fe de su corazón que con sus propias manos.

No es tocar el manto lo que cura a la mujer. Es su fe. Su deseo auténtico a la vez que desesperado de abandonarse del todo. Cuánta gente sencilla nos da lecciones todos los días a los que confiamos en nuestras teologías y saberes. Religiosidad popular de la buena.

La niña no está muerta, está dormida. Plañideras y músicos se reían. No hay nada que hacer.

Demasiado tarde. Cerrado por defunción. Llega Jesús y es la misma muerte quien cierra por defunción. También se burlan hoy cuando hablamos de resurrección. Para algunos, todo acaba en el hoyo. Para nosotros, un amor nos espera al otro lado, parafraseando a B. Pascal.

Donde está Jesús presente se abren horizontes de vida y comienza la Resurrección. Cada vez que sembramos vida matamos un poco la muerte. Convertirnos en signos de vida.

Cuando te sientas morir, deja que él te despierte, te tome de la mano y te levante. ¡Talitha-kum!

¡Nos rezamos!

Fermín J. Negre Moreno

Sacerdote