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Ocho miembros de la Academia Católica Francesa desmontan las tesis del informe Sauvé sobre los abusos sexuales en la Iglesia

Momento de la entrega del informe
Publicado: 02/12/2021: 3316

Ocho destacados miembros de la Academia Católica Francesa han elaborado un contra estudio que desmonta pieza por pieza el informe de la Comisión Sauvé sobre los abusos de clérigos y laicos en las estructuras clericales francesas.

Se acusa al informe de dar datos de abusos inflados (no hubo 330.000 sino entre 4.000 y 27.000 víctimas) y advierten que el informe ha sido «realizado con parcialidad e ideología hostil hacia la Iglesia». Mientras tanto, el Papa ha cancelado su audiencia con Sauvé, según publica el portal infocatólica.

La sospecha, también planteada por La Bussola, de que la Iglesia está siendo humillada y chantajeada para que acepte cualquier «solución» que provenga del consenso laicista está más que confirmada. Según dos artículos, uno de Cécile Chambraud publicado en Le Monde el 26 de noviembre y otro de Jean-Marie Guénois en Le Figaro el 27 de noviembre, el documento de los ocho prestigiosos miembros de la Academia Católica de Francia, aunque no es un documento oficial de este organismo, ya ha jugado un papel decisivo para inducir al Papa a posponer la audiencia prevista para el 9 de diciembre con Jean-Marc Sauvé y todo el equipo de la CIASE.

El texto de 15 páginas, muy crítico con la labor del CIASE, fue enviado al Presidente de la Conferencia Episcopal Francesa, al Nuncio y a Roma por los mencionados ocho miembros de la Academia Católica de Francia. El documento de 15 páginas es una demolición puntillosa y multidisciplinar del Informe CIASE y de las recomendaciones incluidas en él. El análisis crítico de los ocho firmantes de este texto inédito, revelado por La Croix el 25 de noviembre, es uniformemente negativo.

Los autores son: Jean-Robert Armogathe, director de la revista de teología Communio; Philippe Capelle-Dumont, profesor de filosofía en la Facultad de Teología de Estrasburgo; el abogado Jean-Luc Chartier; el historiador Jean-Dominique Durand; la jurista Yvonne Flour; el filósofo Pierre Manent; Hugues Portelli, decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Económicas del Instituto Católico de París; y Emmanuel Tawil, profesor de París-II. Cuestionan la metodología que ha llevado al CIASE a identificar a 330.000 personas mayores de edad que han sido agredidas sexualmente por sacerdotes, religiosos o laicos católicos.

Frente a los resultados metodológicamente defectuosos y contradictorios del CIASE, los ocho académicos católicos franceses contrastan los obtenidos por los investigadores de la Escuela Práctica de Altos Estudios, que, a partir del examen de los archivos, identificaron una horquilla entre 4.832 y 27.808 víctimas. Estas cifras están muy alejadas de las 330.000 víctimas que los medios de comunicación de todo el mundo afirman que son reales y, según los autores del documento, no son ciertamente fruto del rigor científico:

«Hay un abismo entre el número de testimonios recibidos por el CIASE (2.738) y el número de víctimas registrado por el estudio de la EPHE (École Pratique des Hautes Études) encargado por el propio CIASE (4.832), extrapolación de este mismo equipo de investigadores, que llegó a la cifra máxima de 27. 808 casos evaluados a partir de los datos recogidos por este estudio y de las estimaciones realizadas a partir de una encuesta realizada por el IFOP (Institut français d'Opinion publique), que permitió a este instituto de encuesta extrapolar a nivel de la población adulta francesa para llegar a varios cientos de miles de víctimas, con una cifra de 216.000 víctimas de clérigos, cifra que se eleva a 330.000 víctimas si se incluyen los laicos».

El cálculo de los resultados también es desconcertante. «La cifra de 118 personas que afirman haber sido abusadas por un sacerdote -continúa el informe- da un porcentaje del 0,42% y la de 53 para las personas que afirman haber sido abusadas por un laico un porcentaje del 0,19%, cifras que están claramente por debajo de las que permiten una interpretación estadística y el margen de error que queda en este tipo de investigaciones es mayor que los resultados obtenidos. Las cifras presentadas y lanzadas a los medios de comunicación y al público no resistirían un estudio más exhaustivo».

Así reza la segunda página del documento de los ocho académicos franceses. Que continúa: «El espíritu que prevalece en el análisis de las causas y en la formulación de las recomendaciones», se lee en la página 3, «parece a 'a-priori' ideológico... difícil no ver que de la imparcialidad ostentada, el CIASE ha pasado a una hostilidad hacia la Iglesia.»

A continuación, el documento valora los aspectos teológicos y exegéticos, pero también analiza el contexto filosófico y sociológico de los años 60 y 70 y el espíritu de la «revolución sexual» y los llamamientos públicos a la despenalización de la pederastia (Foucault, De Beauvoir, Sartre, Althusser). La impugnación del análisis jurídico del Informe CIASE echa definitivamente por tierra y demuestra el sinsentido de cualquier petición de responsabilidad civil y penal «colectiva» de la Iglesia, de los obispos, de los confesores, al igual que anula cualquier justificación de las peticiones de «indemnización» con la enajenación de los bienes inmuebles de la Iglesia francesa.

Es difícil no estar de acuerdo con las conclusiones del documento de los 8 académicos católicos de Francia: «Un Informe CIASE que no es ni valiente ni justificable, construido con una metodología superficial y contradictoria, con graves carencias teológicas, filosóficas y jurídicas y con recomendaciones muy cuestionables» (pg.14 y 15).

El presidente de la CIASE, Jean-Marc Sauvé, reaccionó al documento de los ocho académicos católicos el 27 de noviembre en «La Croix», afirmando descaradamente que «nada en ese documento de los académicos contradice el análisis de la CIASE».

La polémica continuó y el 29 de noviembre, mientras arreciaban los rumores de dimisión de algunos miembros de la Academia Católica de Francia, se abrió un duelo público en «La Croix» entre el presidente de los obispos franceses, Éric de Moulins-Beaufort, que definió el Informe CIASE como serio, y el padre Jean-Robert Armogathe, uno de los ocho firmantes, que en cambio reiteró la necesidad de desacralizar el «débil» Informe CIASE y hacer «una lectura atenta, justa y crítica del mismo».

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