Artículo de opinión publicado el martes 21 en la columna "El Alféizar" de diario SUR.

Desahuciados

La ternura, el cariño y la compasión mueven a limpiar esas lágrimas que caen. Unas veces serán tuyas.  Otra de tus hermanos. Nunca he llegado a vivir en la calle. Pero sí he visto peligrar el hogar de gente que quiero.  “Que no se hubiesen embarcado en una hipoteca así”, responde aquel que vive y gestiona desde un despacho. Sin ver lágrimas. Ni sufrimiento. ¿Quién ha generado el espejismo en el que se han visto atrapados millares de malagueños? Aquel que hizo creer que el sistema funcionaba silenciando las perversas raíces que oculta el capitalismo feroz.  Menos mal que en medio de la crisis emergen profetas de esperanza: algunos empleados de banca, legisladores, políticos o  familiares. Personas que intentan paliar las consecuencias dramáticas que experimentan corazones concretos.

“En 10 días me ponen en la calle, ¿qué hago?”  Esa angustiosa pregunta la formulan vecinos nuestros.  Y por eso en el pregón de Semana Santa lo planteé: “¿Qué han hecho tantos crucificados inocentes para que los desprecien en vida? ¿Quién conduce a la cruz al desahuciado?  Su corazón como cera se derrite en las entrañas.”  Esta reflexión realizada a la luz del salmo 22 está vinculada al derecho constitucional que afirma que todos los españoles tenemos derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Un derecho que encuentra un buen aliado en la doctrina social de la Iglesia Católica.  Ésta reconoce que el acceso a una vivienda digna es un derecho humano. 

La regulación de la dación en pago, algo que no gusta a la usura; el impulso a los alquileres sociales, camino que algunos valoran intransitable o la paralización de los desahucios por motivos ajenos a la propia voluntad, son algunas de las soluciones que se han propuesto. ¿En qué se ha concluido? ¿En una legislación que vuelve a mirar prioritariamente a los intereses de la banca? Me preocupa el uso político de la pobreza. Y de la primacía del capital frente a la persona. El noble ejercicio de la política debe tener las luces largas. Ir por delante para evitar el sufrimiento. Es el mejor servicio que puede ofrecer a los ciudadanos.