Cada vez que habla el papa Francisco, se tambalea algún cimiento.

No nos deja indiferentes

El pasado día de Pentecostés y en su víspera, habló muy clarito a todos los movimientos religiosos presentes. Ciento cincuenta Movimientos y nuevas comunidades abarrotaron la plaza de San Pedro. Les pidió que fuesen eclesiales: «Los caminos paralelos son peligrosos», advirtió; «cuando nos encerramos en nuestros particularismos y exclusivismo creamos división». En mi modesta opinión es un tironcito de orejas bien dirigido y da que pensar.

Otra advertencia es a las familias. Dice el papa Francisco que su fe le viene heredada de los suyos, sobre todo de su abuela, que les hablaba de Jesús y les leía el catecismo. Yo que soy abuela me siento interpelada. También nos cuenta que hay un día muy importante en su vida: el 21 de septiembre de 1953, tenia 17 años. En la parroquia se encontró con un sacerdote que no conocía, sintió la necesidad de confesar. Después de la confesión, notó que algo en su interior estaba cambiando. Había sentido una llamada; estaba convencido que tenía que ser sacerdote. Aqui también hay un signo de atención: vemos en las iglesias a muchas personas acercándose a recibir la comunión pero los confesionarios están vacíos por parte de los confesores. Eso motiva a que nos relajemos y no demos importancia a la reconciliación.

Tengo comprobado que cuando un sacerdote se sienta en el confesionario, siempre se acercan personas a recibir el sacramento.

Nos da tres pautas para trasmitir la fe: 

La primera Jesús; si vamos sin Jesús la cosa no funciona, Jesús es lo importante.

La segunda es oración, que no significa siempre hablar, «déjate mirar -nos dice- cuando Él nos mira nos da fuerza y nos ayuda a testimoniarlo».

La tercera, testimonio. Si somos cristianos cerrados en nosotros mismos, no hay testimonio; hay que comunicar, sin ningun miedo. Dice que prefiere mil veces una Iglesia accidentada que enferma, una Iglesia que no huela a humedad.

Creo que el papa Francisco está rompiendo moldes que, a mi entender, es necesario romper. Se nota y se ve la gran conexión que tiene con el pueblo y el cariño que está despertando por su sencillez, cercanía, bondad y hablando de manera que todos entendemos. Dios nos lo conserve muchos años.