Tener dinero no es una meta, sino la meta. La meta, en singular, de nuestra cultura. Han desaparecido las ideologías y con ellas los ideales.
En el museo de arte contemporáneo de Málaga se exhibe una importante colección del llamado “arte urbano” que no deja indiferente a nadie. O, al menos, a quien, con un mínimo de sensibilidad, tenga deseos de echarle un vistazo al mundo actual con ojos críticos. Me fijo, por ejemplo, en un pintor americano muy bien valorado por los comentaristas de arte en todo el mundo. Se llama Banksy y es autor de la pintura que ocupa el centro de la exposición. Consiste en un enorme billete de dólar con un cuervo en vez del águila habitual y la leyenda “este billete vale lo que quieras entregar por él”. Algunos han visto en la alegoría una crítica al llamado imperialismo americano. Lo será seguramente, pero creo que hay algo más. El cuervo, desde arriba, sobrevuela con afán de posesión, encima de la leyenda. ¿Cuánto estás dispuesto a entregar?
Ocurre que tener dinero no es una meta, sino la meta. La meta, en singular, de nuestra cultura. Han desaparecido las ideologías y con ellas los ideales. Hay un páramo de espiritualidad sobre el que descansa la demagogia. Cada día se grita más frente a la impotencia, cada día se logra menos.
WIllians James, el célebre utilitarista americano que encabezó el movimiento de pragmatismo mundial más importante de la historia decía «si Dios es más útil que la energía nuclear escogeremos a Dios. De lo contrario nos decidiremos por el átomo». Hay un vacío materialista asfixiante que ciega y envuelve a la humanidad.
Pero el materialismo no aporta alternativas de felicidad. Sólo ansias de poseer ¿Cuánto estamos dispuestos a dar por el dólar? Todas las llamadas del alma se han esfumado. Sólo queda el dólar. ¡Ah! Y el cuervo.
