Hoy puede formar una familia: una mujer, un gato y el “guasap”.
Estamos sufriendo una persecución mediática contra la familia. La sociedad está perdiendo los valores que se adquieren preferentemente en la institución familiar, lo que trae consigo el que se demonicen los mismos. Se tergiversan los roles familiares y se presume del paso de la familia nuclear (que ya tiene tela que cortar) a la familia posmoderna y monoparental cuyos principios se basan en el uso y abuso de unos sobre otros. Hace unos años definía a la familia moderna como “grupo de personas que se sientan alrededor del mismo televisor”. Ahora ni eso. Ya tiene cada uno un aparato en su cuarto. Hoy puede formar una familia: una mujer, un gato y el “guasap”.
Tenemos que soportar, sin pestañear, y con el asentimiento pleno por parte de los nuevos popes de la comunicación, la presentación de valores y actitudes que se descalifican en su misma propuesta. Les pongo un ejemplo de ello: en un programa en prime-time de la televisión de más audiencia de nuestro país, cuyos programas exportamos a Hispanoamérica y al resto del mundo de habla hispana, se planteó el pasado viernes las dificultades que sufre una familia VIP, cuyos miembros han presumido de “famosos” desde que tengo memoria, cuyas “hazañas” han pasado por la droga, los malos tratos, las relaciones especiales, pagadas o no, los intentos de suicidio, la ludopatía, el alcoholismo y la agresividad. Casi nada.
El programita de marras basaba su “predicación” en sacar a la luz y magnificar la ludopatía de la “mater familiae” y la relación de su hija con otra chica VIP. Dado los conocimientos de los “torquemadas” de turno en el tema del juego y que son especialistas en drogas, experimentalmente, la mayoría de ellos, abordaron con pelos y señales las “maldades” de los casinos, que habían llevado a la ruina a la familia de marras y el nefasto ambiente de las discotecas donde se consumen “productos”. La “madre coraje” se defendió diciendo que hacía lo que quería y que ganaba el 95 % de las veces que jugaba. “La culpa de todo la tiene mi marido. Jugábamos a la par. Nuestro viaje de bodas fue de casino en casino, etc.”. “La niña se está desintoxicando de un estado avanzado de toxicomanía”. La madre achaca al padre que “la mandaba a comprar cocaina a los camellos”. Finalmente, lo que me reventó, fue la frase que me dio el norte del problema. «Nosotros le hemos dado de todo: las mejores ropas, los colegios más caros, las mejores “tatas”, los mejores coches en cuanto han tenido la edad y sobre todo, les hemos tapado todos sus problemas económicos». Ahí está el problema, les han dado cosas, no ejemplo; les han aguantado todo, para que sean “felices”. Nunca les ha faltado dinero. Claro que no. Pero no le han dado una referencia paterno-maternal. No le han proporcionado una familia que crece, sufre y se divierte unida. Amor a cambio de nada. El error de este tipo de educación se basa en que se intenta, y de hecho, se consigue, comprar a los hijos. Y al final, se acaban los juguetes y el dinero y aparecen los “juguetes rotos”. Tenemos que defender la familia, que es la única institución que puede salvar este mundo que navega a la deriva.
Cuando se descubre la familia cristiana, el jamón-jamón, aparece la luz y la felicidad. Esto es incuestionable. La gente lo sabe. Pero estas actitudes no venden, pero curan.
