He conocido a un Pasionista mejicano. Su motivación principal consiste en: “hacer presente el lenguaje de la Cruz por medio de la palabra oral o escrita”.
He conocido a un Pasionista mejicano. Los Pasionistas forman parte de una congregación de origen italiano que fue fundada por San Pablo de la Cruz a mediados del siglo XVIII. Su motivación principal consiste en: “hacer presente el lenguaje de la Cruz por medio de la palabra oral o escrita”. Los Pasionistas llegaron a Málaga hace más de cuarenta años. Se hicieron cargo de la Parroquia de Santa María Goretti en el Tiro de Pichón, de varios pueblos de la zona de Riogordo y Colmenar y, desde su inauguración, han estado dirigiendo el Teléfono de la Esperanza que puso en marcha Sergio Ferrero.
En estos días visita Málaga el Padre Cacho. Un cura de infantería que dejo una huella profunda en Málaga. De él han hablado todos los informativos malagueños. Entre otros, tuve el honor de entrevistarle la semana pasada para el programa que presento en PTV: Intégrate. En el transcurso del programa Cacho, viejo amigo mío, me habló de un seminario pasionista que él dirigió en Méjico. Precisamente uno de sus primeros seminaristas, ya ordenado, está en Málaga como Vicario en Goretti.
El olfato periodístico me llevó a entrevistar a Omar Trejo Valdez, que así se llama el joven sacerdote mejicano. En seguida le pregunté por su integración en Málaga, así como por las diferencias que había encontrado en el desempeño de su ministerio entre Méjico y España. Lo que más le había sorprendido es lo poco que se acercan los fieles malagueños al Sacramento de la Reconciliación. Parece que lo consideramos un sacramento menor, una especie de “maría” del bachillerato. El personal no se confiesa. Se acerca a la Comunión cuando, esporádicamente, aparece por el templo para alguna ceremonia. Lo del pasar por el “quiosquillo” queda para cuatro “carcas”, que por ser sensatos necesitamos un “repaso de chapa y pintura” de vez en cuando. Y que bien se queda uno cuando busca al confesor, -no al Padre Topete, al que ni conocemos, ni nos conoce- y pedimos la absolución y a ser posible la solución.
Nos hemos rodeado de un pudor extraño que nos lleva a “confesarnos directamente con Dios”, por no hacerlo ante un ser humano, mientras nos desnudamos ante los sicólogos, lo cual es bueno, incluso saludable. Lo malo es cuando recurrimos a los quiromantes, nigromantes, adivinadores, echadores de cartas, etc., y para redondearlo, a veces, lo hacemos directamente ante las pantallas de televisión.
Lleva razón el “mejicanito” Padre Omar. Un buen repaso de la conciencia; una puesta a punto; un limar asperezas cordiales; un consejo adecuado, etc., nos pueden hacer pasar la ITV del espíritu y darnos la fuerza del Sacramento que nos permita subsistir hasta la próxima.
