He sacado la maleta y la he limpiado de las reliquias que siempre quedan de un viaje anterior: entradas de museos, alguna postal, pegatinas de la facturación… Y ahora me toca seguir el consejo de Machado e ir “ligero de equipaje”
“Yo, para todo viaje
—siempre sobre la madera
de mi vagón de tercera—,
voy ligero de equipaje.”
A. Machado
He sacado la maleta y la he limpiado de las reliquias que siempre quedan de un viaje anterior: entradas de museos, alguna postal, pegatinas de la facturación… Y ahora me toca seguir el consejo de Machado e ir “ligero de equipaje”.
¿Qué meter en la maleta?
No es una pregunta trascendente en principio pero sí que tiene su espiritualidad. Jesús ya les da indicaciones a sus discípulos a la hora de hacer la maleta para irse a predicar: no llevéis alforja, ni talega, ni sandalias. Es decir, hay que llevar lo necesario, sin accesorios. No hay que ir cargado sino lleno.
Pero el Señor me va a permitir que cargue con unos frascos de repelentes de mosquitos y una caja de pastillas para la diarrea.
Y como nos dice Jesús en el Evangelio ir lleno de ilusión y confianza en su providencia, que viaja, como siempre, ligera de equipaje sobre la madera del vagón de tercera.
