Espero que este viaje a la misión diocesana sea un tiempo de Gracia, que me ayude a vivir cada día con un poco más de fidelidad al Evangelio.
A veces no resulta fácil para un cura tomarse un tiempo de vacaciones. La agenda de la parroquia no suele tener hojas en blanco y tienes que buscar otro sacerdote que te pueda suplir y compaginar su agenda con la tuya. Aunque somos pocos y ocupados se hace el esfuerzo para posibilitar que todos tengamos un descanso.
Este mes de agosto, un compañero recientemente ordenado, Maiquel, va a ser quien me sustituya en la parroquia. He dejado programado el mínimo de actividades y celebraciones posibles para que pueda desenvolverse con tranquilidad en este su primer aterrizaje parroquial como sacerdote.
Los dos vamos a vivir experiencias nuevas que nos van a ayudar humana y espiritualmente a crecer. Le deseo que este tiempo le sirva para empezar a ser cura con buen pie, pues la primera experiencia deja huella.
Espero que para mí también, este viaje a la misión diocesana, que comienzo mañana a la tres de la tarde con el vuelo para Caracas, sea un tiempo de Gracia, que me ayude a vivir cada día con un poco más de fidelidad al Evangelio.
Con los nervios propios de estar ya a las puertas del avión, me despido hasta Venezuela. Como dice el Papa Francisco : “Recen por mí”.
