Con esta letra de un joropo, canto tradicional venezolano, me voy despidiendo de este país y de los que me habéis seguido a través de este blog.

"Faltan unas pocas horas..."

“Faltan unas pocas horas para continuar viajando
Apurito que es mi pueblo con la mula voy llegando.”

Con esta letra de un joropo, canto tradicional venezolano, me  despido de este país y de los que me habéis seguido a través de este blog. Esta semana he acompañado al P. Juande en su zona pastoral. Me ha enseñado y explicado todo el programa “Camino de sueños”. Un programa de atención a niños con necesidades especiales. Con unas instalaciones sencillas e impecables realizan una labor profesional de diagnóstico, seguimiento y terapia.

Hemos visitado el ámbito familiar de algunos casos que atienden en este programa. Si a las dificultades económicas, añadimos una familia desestructurada, un bajo nivel cultural y un pequeño con alguna discapacidad, Camino de sueños, aparece como un rayo de esperanza en la vida de estos niños y de estas familias, que en muchos casos viven esta realidad como una vergüenza, incluso como un castigo de Dios.

Un programa que se financia con la ayuda de la Cáritas de la misión, donaciones particulares y con algunas actividades que se organizan con este fin. Pronto abrirán una página web en la que podremos encontrar información sobre todas sus actividades y cómo colaborar y apoyar esta hermosa labor. Son casi doscientos niños, entre los dos centros que han abierto, los que se benefician de este programa.

Participamos en la Eucaristía en las fiestas patronales de san Luis de Maripa. Presidía el arzobispo y había un numeroso grupo de jóvenes curas criollos. Como no había albas suficientes me colocaron una sotana blanca de paño grueso que me quedaba un poco ceñida. En la Misa se fue la luz y se apagaron los ventiladores. Aquello era un horno, pero al ver que los otros curas sudaban más que yo, no me parecía apropiado quejarme. Compartimos luego una comida todos juntos en la casa de una catequista. Fue un día estupendo. Siempre me he sentido a gusto con el clero criollo y su arzobispo.

Estuvimos también celebrando la Eucaristía en las distintas aldeas que atiende. Al caer la noche recogimos a un par de chicas y un chico para que pudieran ir al campamento de la parroquia. Juande me dio un toque para que me fijara: el joven al despedirse de su familia se dirigió para el hermano mayor y le pidió la bendición. Este gesto me llegó al corazón. Algo muy sencillo y muy bonito. Entrañable.

Ya en Caracas, dedicamos un día para visitarla. La plaza del Libertador, su casa, la catedral y el panteón nacional (impresionante la tumba de Simón Bolívar). Y una persecución al más puro estilo de película americana. Un malandro (delincuente) a la fuga, una moto persiguiéndolo y un enorme agente de paisano con un pistolón apuntando a diestra y a siniestra buscándolo entre el gentío de la calle peatonal. A mí me resultó más peligrosa la actitud del agente que el delincuente. Ya en el aeropuerto, tras varias horas de espera, el avión despegó y allí en el cielo di por finalizado mi viaje.

Doy gracias a Dios por esta experiencia que ha supuesto en mi vida un esfuerzo físico, mental y espiritual muy grande. Gracias al equipo de misioneros diocesanos malagueños y gracias a los que me habéis seguido a través de este blog.