Esta situación la podemos mejorar entre todos, poniendo ese poquito de buena voluntad y compartiendo lo que somos y lo que tenemos, sin esperar que lo hagan las instituciones de cualquier tipo

Se puede

Esta tarde me muevo entre la sorpresa de descubrir como se puede jugar con las leyes y la cantidad de “guena gente” que hay por el mundo. En primer lugar observo como una serie de señores muy empingorotados, ataviados con cubrecabezas inverosímiles, ponen en la calle a lo “mejor” de la clientela de los penales españoles: asesinos, violadores, criminales y ladrones de todo tipo, condenados a cientos de años de privación de libertad por sentencias firmes, acogiéndose al sentido menos común de la justicia. Pienso que ésta lo que debía intentar es apartar a las manzanas podridas del resto de la humanidad y no mantenerlas, darles estudios y a la calle. Y lo que más me sorprende: la celeridad en aceptar el tema por la justicia española. Cosas veredes…

Por otra parte me asomo a un programa de la primera de TVE y me encuentro con un programa que hemos exportado desde Andalucía a la cadena pública española más importante. En principio no me gusta que se aireen las penalidades de ninguna familia y se apele a una especie de caridad o solidaridad popular. Pero en este caso, en mi modesta opinión, el fin justifica los medios. Sin perjuicio de lo excesivo de la parafernalia reinante, la presentadora consigue hacer conectar a los maltratados por la economía y por la vida con las personas de buena voluntad.

Los resultados son espectaculares, en el caso que he visto hoy han ofrecido hasta cuatro empleos fijos por un año para ambos cónyuges, una casa gratis durante cinco años, el pago del alquiler de un piso por valor de 8.400 euros y un montón de ayudas que, a ojo de mal cubero, han superado los diez mil euros. Naturalmente el caso se ha solucionado; una familia sin problemas, es para que todos nos sintamos contentos.

Este hecho viene a reforzar mi idea de que esta situación la podemos mejorar entre todos, poniendo ese poquito de buena voluntad y compartiendo lo que somos y lo que tenemos, sin esperar que lo hagan las instituciones de cualquier tipo. Cuando se rasca en el corazón de la persona más dura del mundo, aparece por detrás lo divino que tenemos cada uno, ese sentimiento que nos hace amar al prójimo como a ti mismo. Me suena no sé qué historia de panes y de peces. Se puede dar de comer a la multitud. Lo que hace falta es que cada uno ponga sus dos panes y cinco peces.