Hoy es 24 de diciembre. Esta noche es Nochebuena. ¿Y mañana? Mañana igual ni estamos vivos. Quizá no lleguemos a la noche. Desde este momento y hasta el final del día alguna persona habrá fallecido. Quizá sea el articulista. Qué más da.
Hoy no es un buen día para morirse. Como tampoco para vivir amargado. Ni hoy ni mañana. Mañana será Navidad. Y no conviene aguarse la fiesta en un día tan bello. Lo cierto es que ningún día conviene que se presente a candidato para estropearlo. El ser humano siente en sus entrañas la llamada a la felicidad. La verdadera. La que dista mucho de la generada por el alcohol, la droga o los excesos. En Navidad parece que todo se confabula para vivir mejor. Al menos durante unos días. Ocurre que pasados estos días vuelven a entrar en escena los disgustos si no sobrevienen de pronto durante estas fiestas y las amargan.
Hay quien afirma que todo el año debería ser Navidad. Es buena propuesta: consumo, descanso y fiesta. ¿A eso se refiere? ¿O al punto de extravagante bondad, solidaridad y ternura que envuelve casi todo? Pretender que todos los días sean Navidad es buena idea. Pero si nos inspiramos en el misterio de la Encarnación. Que es lo que celebran los cristianos esta noche y durante los próximas jornadas. Por cierto, te deseo una feliz y santa Navidad. Los creyentes en Jesús de Nazaret, al que reconocen Dios y hombre verdadero, creen que Dios asume la naturaleza humana. Que se manifiesta a la humanidad en carne y hueso. Entonces sí es buena idea que todos los días sean Navidad. Eso significa que durante todo el año la bondad y el amor se pueden expresar sin escrúpulo y con fundamento estable. Eso significa que durante el resto de la vida ternura y solidaridad tendrán un sentido que trasciende a la mera sensiblería. Eso significa que en los días venideros se abre una puerta al misterio, a la Trascendencia, a los valores permanentes que van más allá de las formas establecidas generando progreso y cambio.
Artículo de opinión publicado en SUR en El Alféizar el 24.12
