Es tiempo de primavera y no solo en unos grandes almacenes. Es tiempo de primavera en tu corazón. En tu vida, en tus horas, en lo que vives. Cristo ha resucitado. Déjate seducir por la belleza de la existencia. Déjate embriagar por el aroma de la mañana. Y disfruta despacito de la vida.
La impaciencia que a veces imprimimos a lo que somos y vivimos nos impide disfrutar de lo que nos rodea. Para injertar un naranjo y que puedas comer su dulce fruto necesitas que pasen meses, muchos meses. Esa es la vida. Somos naranjos bravíos. Necesitamos que pase tiempo para ofrecer la dulzura del fruto.
Para eso es necesario que pase tiempo y que el árbol esté conducido, injertado. Aprendamos de la naturaleza. Para nada disonante en su fisonomía y color. Lenta para los cambios pero preciosa y exacta en su evolución. Estamos en la octava de pascua. Toca vivir algo tan bello y mágico como es la vida. La presencia del Resucitado en nuestras vidas. Conducidos por el Espíritu. Con la fuerza de la fe. Sin prisa.
