¡Buenas noticias!
El texto lucano que nos presenta este domingo, ya a las puertas de la Navidad, tiene como protagonista a la mujer del Adviento, la mujer evangélica por excelencia: María de Nazaret. El evangelista combina dos esquemas de la narrativa bíblica: el anuncio del nacimiento de un personaje importante y la llamada de alguien a colaborar con los planes de Dios. Ambos se entremezclan como dos hilos que se trenzan para formar una única realidad. La llamada a María se produce conjuntamente con el anuncio de la Gran Noticia: el nacimiento de Jesús. El mensaje lo trae el ángel Gabriel invitando a María a la alegría de los tiempos nuevos: ¡Alégrate! Después le pondrá un nombre, como hace Yahvé con aquellos a quienes va a encomendar una misión: Llena de gracia. Y le asegurará la presencia de Dios: El Señor está contigo. María es presentada como los grandes salvadores de Israel (Moisés, Gedeón). Ante esto, aparece la reacción de temor. Ella se conturba por estas palabras y se pregunta. Ante el mensaje que no comprende, no acepta ni rechaza; ella medita, realiza un diálogo interior en el fondo de su corazón. A continuación, el centro de la escena lo ocupa el anuncio, la noticia que pone de manifiesto las intenciones de Dios: Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús (Dios salva). Sin embargo, como todo llamado a una gran misión, María pone sus objeciones. Lo que le propone el ángel no parece fácil en sus circunstancias. El ángel la tranquiliza: Lo que va a ocurrir es algo de Dios. No tiene por qué preocuparse. Por ello, María se fía y proclama ese “Hágase en mí según tu Palabra”. Aparece así como la gran discípula: escucha la Palabra de Dios y la encarna.
