Se cuenta que, cuando los comunistas se apoderaron de China, encarcelaron a un sacerdote en la rectoría de su iglesia.
El sacerdote, desde una ventana que daba al templo, observó con gran dolor cómo lo profanaban y dejaban esparcidas por el suelo las sagradas formas. También descubrió que en la iglesia había una niña que los asaltantes no vieron. El sacerdote, que sabía que en el copón quedaban 32 formas, a partir de aquel día, contempló cada noche cómo aquella niña, evadiendo la guardia, llegaba al templo, hacia una hora de oración, se agachaba y con la lengua cogía una forma y comulgaba (entonces no estaba permitido que los seglares tocasen la sagrada forma con las manos). El sacerdote observaba conmovido aquel acto de desagravio, pero en la trigésima segunda noche, después de comulgar, la niña tropezó y el ruido alertó al guardián. Éste la persiguió y golpeó con la culata de su fusil hasta matarla.
Cuando a Monseñor Fulton Sheen (quien presentaba en televisión “Life is Worth Living”, “Vale la pena vivir”, con 30 millones de televidentes), le preguntaron qué le movió a hacer una hora de adoración diaria. Él contó el caso de esta niña china. “Este ejemplo fue el que me motivó”, dijo.
“La noche de su Pasión, habiendo amado a los suyos los amó hasta el extremo.”
