Volveré a rezar, dijo Raúl Castro cuando terminó la audiencia con el Papa. ¡Volveré a rezar!
Toda una declaración de objetivos.             

¿Reconoce la existencia de Dios y la necesidad de contar con Él en lo cotidiano, en eso que se llama el día a día? Porque volver a rezar no es solo un reconocimiento explícito de Su existencia sino el deseo de entrelazar dos existencias. ¡Volver a rezar!

Desde su nacimiento, el marxismo necesitó eliminar a Dios del horizonte de la humanidad. También, aunque de manera menos necesaria, lo hizo el liberalismo. Ambos movimientos “liberadores” quisieron  instalar la totalidad de la lógica y, consecuentemente del progreso, en la razón; en la inteligencia del hombre, capaz, ella sola, de planificar un orden nuevo mundo  de igualdad sin altibajos.

El marxismo cimentó el motor de la Historia en la lucha de clases. Quiso enseñarnos a leer con el sólo abecedario  del materialismo. Ahora, después de tanta sangre, los posmarxistas, con el tácito apoyo de los liberales, contemplan el universo más cruelmente capitalista conocido desde la Edad de Piedra. La petulante soberbia de la época impide reconocer el fracaso pero, por ejemplo, unos navegantes apátridas que bogan en barquitas de juguetes, buscan alguna costa solidaria donde comer. ¡Volver a rezar¡

¡Hace frío ya! El Hombre y la mujer modernos están hartos de cien trochas a “derecha” e “izquierda” para liberarse de un supuesto entramado de metas sucesivas hasta no se sabe qué paraíso oculto. Estamos donde estábamos cuna pusimos la brújula en nuestras propias manos.

¡Volver a Reza!. Es que no hay nada más. ¡Volver a rezar!
El rezo no produce quietud sino el impulso del amor. El amor es ambicioso, no descansa. Deja los remos… Volver a rezar