La señora Carmena quiere que las madres ejerzan de madres mientras a todas horas; ¡hay que ver! Ocurre, sin embargo, que los amores y sus colaterales ideologías avanzan a velocidad de descarrile. Tanto, que ya no los reconoce ni quienes los fundaron. Verán, el neomarxismo, procedente de las mismas cenizas del viejo comunismo, quiere echar una frenada a la moviola del tiempo. Es imposible; han cambiado los sentimientos, ha cristalizado el egoísmo, se ha endurecido el alma individual y, aunque el hombre siga igual que cuando estaba en las cavernas, sus sentimientos y relaciones no son las mismas. La flamante alcaldesa de Madrid coloca unas gotas de nostalgia cuando propone que sean las madres (¡cuidado, también los padres!) quienes limpien los colegios de sus hijos. Parece algo anecdótico, insignificante. En realidad, es como pretender abrir alguna puerta ya oxidadas del pasado, si me permiten expresarlo de una manera tan cursi; las mamás cuidando emocionadas el recinto donde juegan sus niños… ¡Enternecedor!

Pero, claro, las mamás contemporáneas están en otra cosa y los movimientos sindicales también. La señora alcaldesa ha puesto en su contra a la misma afición propia.

El marxismo está viejo. En 1848, cuando se dio a conocer, los farolitos del amor, aún titubeaban en esas insondables interioridades del ser humano. Luego el liberalismo nos indico que solo la ciencia, y las cuentas de resultados, puede responder a las ansiedades del hombre. El socialismo ahondó más aún y nos enseñó que todo es materia; la religión una forma para adormecer a los hombres y apartarlos de la lucha de clases. Ahora, los dos movimientos languidecen y la gente siente la frustración de haber llegado a ninguna parte.

Digan, por favor, ¿qué queda? ¿Hay algo más sin estrenar? Solo Dios, el Dios vive y verdadero, que ha dado a su propio Hijo para y por el hombre. Busco y rebusco. No doy con nada. Solo oscuridad, frustración y cuentas corrientes. Hace calor en el ambiente porque ha empezado el verano pero en los corazones hace frío ya.