Ha vencido el “no”. Lo malo es que ni el resto de los europeos, ni los propios griegos saben qué significa eso. Quizá solo ha sido un alarde de dignidad nacional. Solo eso. Pero claro, la dignidad es un atributo del orgullo, nada más; nada menos. A partir de hoy, Tsipras se presentará con más moral ante sus acreedores. Se supone que los griegos han ganado, pero… ¿el qué? Las televisiones han dado imágenes de ancianos sin un euro para comprar comida junto a cajeros vacíos; supermercados desabastecidos, hospitales sin lo mínimo para las necesidades diarias… Ha ganado la nación. Estoy convencido de que la patria es el hombre. Las patrias no sufren; las personas, sí.

Dentro del agotamiento en el que sobreviven, o languidecen, las grandes ideologías, liberal y socialista, empieza a germinar, o si permiten el neologismo, a regerminar un ideal que tuvo su origen en el marxismo primitivo y que, ahora se hace acompañar, al menos en parte, por ese movimiento popular, sin santo ni seña,  llamado antisistema. Es el resultado, quizá, del  cansancio social cada vez más extendido. Los nuevos movimientos emergentes, como Syriza o Podemos, son, sin duda,  la vanguardia del vacío que busca alternativas a lo supermanoseado.

Insisto, ¿Quién ha ganado en Grecia? Pues, si queremos ser sinceros, no existe respuesta objetiva; quiero decir, libre de intención partidista, clasista o patriótica.

La Unión Europea es un club sin tendencia política definida, donde priman y mandan las cuentas de resultados  y las primas de riesgo.  El marxismo originario nos debe una explicación a los cristianos. Nos dio fórmulas para cambiar eso que se llama “el natural humano” o sea, el egoísmo. Es evidente que no lo ha conseguido. Después de setenta años de una dictadura férrea mediante la que se pretendió enseñar la igualdad y el reparto equitativo de la riqueza, no hay más remedio que reconocer que fue usaron mala pedagogía. Todo sigue como antes.

Los cristianos no proponemos métodos sino a Jesús. Él sí puede cambiar el interior  del hombre mediante el Amor.

Mañana se seguirá negociando. Nada más. El orgullo patriótico le trae sin cuidado al Banco Central Europeo. En el vaivén – o vaivenes- entre el dólar, el euro y el rublo esas cosas carecen de valor