De entre las devociones marianas más extendidas, celebramos en el mes de julio la dedicada a la Virgen del Carmen

El origen de la devoción a la Virgen del Carmen se encuentra en el monte Carmelo, situado en Israel, en el que los profetas Elías y Eliseo dieron culto a Dios, retirados del mundo, en una vida de oración y austeridad.

En el s. XII, un grupo de eremitas procedentes de Italia, se instalaron en este monte, escogiendo como patrona a la Virgen María, a la que dedicaron la primera iglesia de Santa María del Monte Carmelo.

Estos cristianos imitaron las actitudes y los valores marianos, procedentes de su maternidad divina, de su virginidad, de su confianza plena en Dios, de su pobreza material, etc.

De este primer grupo de eremitas surgirían los actuales Carmelitas. El 16 de julio de 1251, San Simón Stock, por entonces superior general de la Orden, experimentó la aparición de la Virgen del Carmen, en unos momentos de una gran dificultad para la Orden.

La Virgen le entregó sus hábitos y el escapulario y le prometió liberar del Purgatorio a todas las almas que llevaran este escapulario durante su vida.

Esta devoción mariana se extendió por Europa y América. En España, los pescadores tienen a la Virgen del Carmen como su protectora, por lo que recibe el título de "Estrella de los Mares".

Los católicos sabemos que la Virgen María es una sola, la Madre de Jesús y Madre Nuestra, si bien, se la venera con múltiples advocaciones.

La Iglesia sólo adora a Dios y venera a María como la figura más importante, después de Cristo, Nuestro Señor. Como dice la Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II, María: "Está enriquecida con la suma prerrogativa y dignidad de ser la Madre de Dios Hijo, y por eso predilecta del Padre y sagrario del Espíritu Santo; con el don de una gracia tan extraordinaria aventaja con creces a todas las otras criaturas, celestiales y terrenas".

San Bernardo nos enseña que todos los bienes que recibimos de Dios nos llegan por medio de su Madre. San Juan Pablo II, en la encíclica Redemptoris Mater, lo expresa diciendo: "Es voluntad de Dios que todo lo obtengamos por María".

Por todo ello, llegamos a la conclusión que María es mediadora de la gracia e intercesora ante su Hijo de nuestras necesidades, por lo que le pedimos: Virgen del Carmen, ruega por nosotros.