Este nombre les dirá poco a algunos de mis lectores. Thun es una preciosa ciudad suiza situada en el cantón de Berna y de unos 42.000 habitantes. Un tamaño similar a cualquier pueblo grande andaluz y una belleza eclipsada por la cercana Interlaken. El domingo pasado vino a mi memoria esta ciudad, justo en el momento en que se estaba proclamando el Evangelio correspondiente a dicho día: Marcos 6, 7-13.
Me explicaré, una mañana, creo que a principio de los noventa, fui a despedir a unos amigos que marchaban a Suiza para organizar un Cursillo de Cristiandad en dicha ciudad helvética. Iban en la autocaravana de Valentín unos seis o siete “evangelizadores”. Uno de ellos Paco Gallero, ya fallecido, se encontraba muy enfermo, pero quería aprovechar esa última oportunidad. Otro, Paco Vallejo, también está ya con el padre. Al ver lo precario de la situación me invitaron a irme con ellos. Como dice el evangelio me puse en camino sin pan, ni alforja ni dinero.
Allí nos encontramos con un sacerdote vasco desterrado a Suiza por cuestiones políticas y con pocas ilusiones. Nos dividimos en grupos y fuimos casa por casa de los hispanos, italianos o portugueses que quisieran escuchar la palabra de Dios. Nos dieron alojamiento en ¡un refugio antiatómico!, sito en el sótano del templo local y allí permanecimos tres días.
El párroco, de habla alemana, nos puso en contacto con el sacristán, un italiano muy agradable, y así pudimos organizar aquello con unos voluntarios que hacían de comer, unos encuentros en el salón de la escuela dominical y unos asistentes que apenas entendían lo que les decíamos. Siempre recordaré como me puse a pedir en un bar cercano unas monedas locales de las que carecíamos para poder llamar a casa. Nos habíamos tomado en serio el Evangelio. Al final de aquellos tres días celebramos la clausura con la presencia de gentes de Sión, de Cran-Montana, de Monthey y de Martigny. Medio centenar de ellos.
No puedo calibrar si echamos muchos demonios de ellos, de algunos podemos dar fe. De nuestro corazón desde luego que sí. La Virgen del Carmen venía con nosotros.
