Quien ha tejido alguna vez una manta, sabe del esfuerzo que hay detrás. Muchas horas de puntadas, de trabajo silencioso entre lana y agujas, mucho de cariño hacia su destinatario…
Es tanto el fruto de este trabajo manual, que el movimiento “slow”, que aboga por una vida más pausada, recupera las manualidades y la artesanía como símbolo de la más absoluta modernidad, y muchos jóvenes rescatan los apuntes de la abuela para sumergirse en una práctica que aporta, no sólo color a nuestra vida, sino amor y entrega a nuestro corazón.
En Villanueva del Trabuco han tejido más de sesenta mantas en los últimos meses, y lo han hecho no para venderlas en ebay, ni presumir en Pinterest, tampoco para regalarlas a amigas que envolverán con ellas a sus bebés o adornarán un bonito sofá de ikea. Los miembros de las Cáritas parroquiales tejen y tejen para dar calor a las personas que viven en la calle, y aportar así su pequeño granito al último proyecto solidario de la Diócesis: Calor y café. Un centro de acogida nocturna para los sin hogar.
Mantas que aseguran calor en las noches de invierno, y que, solo por las manos que las han producido, aseguran también un baño de amor en quienes se cobijarán en ellas.
