75 años acompañando soledades
La Virgen de la Soledad en el convento de las Hermanitas de la Cruz S. FENOSA

Hay en Málaga un lugar de serena calma, humilde, hermoso y gracioso, como describe el reino de Dios San Ignacio de Loyola en su meditación de las Dos Banderas. Te hablo del Convento de las Hermanas de la Cruz, en la plaza de Arriola. Allí se encuentra, hasta este domingo, la Virgen de la Soledad. Ha ido como estación previa a su coronación canónica, y déjame que me aventure a contarte que se siente como en su casa.

Entre las Hermanas de la Cruz, revive María la visita a su prima Isabel, y se remanga cada mañana para atender, junto a ellas, a los que acuden al Convento a pedir un carro de comida, un consejo o un simple gesto de cariño. Algunos, ya de noche, la han visto recorrer, con ellas, las calles del centro y entrar en el portal de personas enfermas, a las que al parecer acompañan y cuidan hasta el alba, para regresar al convento con las primeras luces y volver a empezar a servir a los pobres, como si nada.

Solo por la tarde, estos tres últimos días, se detiene el trajín en este lugar tan cercano al cielo. Las hermanitas se sientan a los pies de Jesús, para celebrar junto a todos los malagueños, sus 75 años entre nosotros. La Virgen de la Soledad las mira, y entrelaza aún con más fuerza sus manos. Junta a ellas, pierde incluso el nombre. Junto a la cruz, acompañada, no existe soledad.