En 1975, subía al poder en Mozambique un grupo de inspiración marxista-lenista, el Frente para la Liberación de Mozambique. Se iniciaba un periodo de guerra civil y de persecución para la Iglesia en este país del sur de África, que llevó a restricciones de todo tipo de la libertad de expresión, de la actividad pastoral, expropiaciones… y se negaba el visado de entrada a los misioneros. Muchas misiones, con centros de salud, guarderías, colegios… quedaron abandonadas.

A pesar de la situación, la fe de los fieles mozambiqueños era profunda por lo que las comunidades católicas se reunieron en torno a los catequistas, verdaderos misioneros laicos. Estos fueron el objetivo de una persecución casi sistemática. Atrocidades sufridas año tras año. Fue allí donde en, 1992 – precisamente ese año se puso fin a la guerra civil que duró dos décadas – tuvo lugar una de estas atrocidades. El Centro Catequético de Guiua hospedaba a 15 familias. Un día se presentaron los guerrilleros y se llevaron a todos. Tras un trayecto de varios kilómetros, empezaron a asesinarlos. Todos murieron rezando. 23 catequistas. Fue el 22 de marzo de 1992.

Leemos en OMP press como hoy el centro de Guiua todavía sigue existiendo, y es el alma de toda la diócesis de Inhambane. En él se forman los herederos de aquellos catequistas que dieron la vida por su fe. Cada año, desde 1992, gracias a la aportación de todos los fieles del mundo, la Obra de la Propagación de la Fe, el conocido DOMUND, ha enviado 5.000 euros, para rehabilitar muros, adecentar aulas, comprar materiales, pero sobre todo para ayudar a estos católicos, que los perdieron todo, pero conservaron su fe, lo único importante.