Corría la primavera de 1990 cuando el entonces Obispo de Málaga, Don Ramón Buxarrais Ventura, nos envió a un grupo de malagueños a recordarles el Evangelio a un grupo de emigrantes españoles en Suiza.
Con amor y temblor nos embarcamos en la tarea seis “bestias de Yhaveh” cargados de ilusión y de deseos de transmitirles el Evangelio a aquellos hermanos de la zona del Valais, encabezados por el misionero español Ángel García del Valle.
En aquel encuentro celebrado en un refugio alpino, rodeado de nieve por todas partes, nos encontramos con una familia, la de nuestro amigo Antonio, que quería conocer mejor al Señor; pero todos juntos. De hecho la hija y su novio recibieron también el cursillo prematrimonial.
En un momento de aquel encuentro Antonio “el torero”, el protagonista de este segmento, nos relató su vida. Había salido de su Macael natal en busca de oportunidades para realizar su vocación taurina. Después de muchas vueltas –y muchos fracasos-, como un hijo pródigo redivido, aterrizó en la zona de Martigny, un lugar famoso por sus trabajos en la piedra y el mármol. Dio con la horma de su zapato. Se casó y creó una familia. Mientras los hombres trabajaban en las canteras, las mujeres laboraban en la industria relojera. En los años posteriores centraron sus vidas e hicieron una fortunita que les permitió volver a su tierra almeriense de Macael y montar varios negocios.
Tuvimos oportunidad de vernos en varias ocasiones después, allí en Macael, donde “el torero” conservaba la imagen de la Virgen de la Victoria que llevamos en una visita a Suiza. Después pasaron los años y, como con tantos, perdimos el contacto.
Hace unos días recibí una nota lacónica de su hija: “mi padre está mu malico, reza por él”. Así lo hemos hecho. Pero esta nota me ha permitido recordar que aquellos esfuerzos, aquella locura, no cayeron en vano. Una pequeña aportación desde Málaga, de esos hoy denostados e incomprendidos, desde dentro y desde fuera, “Cursillos de Cristiandad”, permitió a un ciento de hispano-suizos de todas las regiones recordar que son hijos de Dios, hermanos de Cristo y templos vivos del Espíritu Santo.
Que Dios bendiga al “torero”, a Chema y Boni, a Julio Palacios y a tantos otros que se fiaron de Dios a través de nuestra modesta intervención y su vida cambió para siempre.
Foto de nuestra llorada Maribel, Valentín y Antonio El torero
