Cuando un diácono participa en la Eucaristía si se emplea la oración sobre el pueblo o la fórmula de la bendición solemne, el diácono dice: “Inclinaos para recibir la bendición”.

Una vez impartida la bendición por el sacerdote, el diácono se encarga de despedir al pueblo, diciendo con las manos juntas y vuelto hacia el pueblo: “Podéis ir en paz”. (Cfr Ordenación General del Misal Romano n. 185).