Hay lecturas que invitan a la reflexión, situaciones que te hacen sentarte al borde del sendero de la vida y replantearte la dirección del camino y personas – en este caso, sacerdotes – que con su testimonio de vida, te imprimen una huella indeleble.

MI CURA, por Milagros Rivera
Milagros Rivera, médico anestesista

…son los que me enseñan, más con sus obras que con las palabras, la hondura y anchura de la Buena Nueva, evitando la tentación de arrancar ni una sola de sus páginas…

…son los que me animaron a luchar por la justicia, sobre todo, por los más frágiles, sin miedos, a modo de Jesús…

… son los que me mostraron con su vocación, la coherencia y  autenticidad de ser cristianos…

… son en los que se refleja, que el amar y servir a los demás, arrodillándose y ciñiéndose la toalla en la cintura, se antepone a la liturgia…

… son los que me hicieron ver, nuestra condición de pecadores,  pero siempre amados y necesitados de ese perdón que nos otorga Nuestro Padre…

… son los que me enseñaron, el regalo de la oración, la guía del acompañamiento, el valor y necesidad de la escucha…

… son los que me enseñaron que Dios nos quiere alegre y felices: a saber reírse de uno mismo y a relativizar los sucesos diarios…

… son ellos, los que me enseñaron, con su vida y ejemplo, sin ningún tipo de alarde y sin ningún reconocimiento público, todo lo anterior y muchos más y todo ello, siendo conscientes de su fragilidad y pies de barro.

… no tiene importancia  si fue un sacerdote o varios los que marcaron o señalan mi vida… a todos ellos, mi más profundo agradecimiento y presentes en mi oración siempre, para que sigan siendo ejemplo vivo de Áquel que nos amó primero.