Siempre he entendido el Evangelio como algo vivo y he procurado rodearme de personas que me recordaran diariamente esa premisa, entre ellas, estás tú: “mi cura de barrio humilde”.

MI CURA, por Maite Tello
Maite Tello, secretaria general de la Fundación Victoria

Tú me refrescaste la importancia de bajarse,  que es lo que hacía Jesús en su vida. Bajar para estar cerca de tus feligreses, y así nos saludabas cada domingo en la puerta de la parroquia y nos despedías en el mismo sitio. Bajar con los niños y los  jóvenes, acercándote a ellos, a sus hobbies y a sus aficiones, y así jugaste cursos enteros en la liga interna del cole del que eras capellán, para después sentarte con ellos y compartir sus miedos y anhelos.

Así da gusto, amigo cura. Así nos bajabas el Evangelio a cada uno de nosotros y nos ayudabas a acercarnos un poco más a Cristo. Eternamente agradecida por encontrar a alguien tan cercano y a la vez tan en su sitio para acompañarnos en nuestro proceso de fe, ya fuese en las misas o dando un paseo.

Aunque estés en otro destino, en la parroquia se mantiene tu estilo, y es que quien vive el Evangelio como lo haces tú, lo transmite y lo sella en las personas. Como  tú decías “no hay mayor pobreza que no conocer a Cristo”.

Gracias