El periodista del Obispado de Málaga Antonio Moreno invita a profundizar en el evangelio de hoy, 7 de julio, (Mateo 9,18-26).
En la cultura hebrea, el contacto con un cadáver o con la sangre hacía impura a una persona, que quedaba inmediatamente apartada de la comunión hasta cumplir los ritos de purificación. El padre de una niña muerta y una mujer con flujos de sangre, dos impuros, dos miembros de las "periferias existenciales", acuden a Jesús. Uno le pide que vaya a tocar el cadáver de su hija, que le imponga las manos; y, la otra, le toca el manto pensando que no se iba a percatar. El contacto físico con la muerte produce la muerte; el contacto físico con Él, que es la vida, devuelve la vida y la salud. Dejémonos tocar por él y llevemos, sin miedo, su toque curativo a los alejados, a las periferias.
