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José Agustín Carrasco: «La eutanasia es claudicar ante el sufrimiento»

José Agustín Carrasco Álvarez
Publicado: 02/03/2020: 11703

Entrevista al sacerdote diocesano José Agustín Carrasco Álvarez, nacido en Argentina en 1966 y se ordenó en 1999.

¿Crees que sabes vivir?

Lo intento, cada día aprendo a vivir, y también a sobrevivir y superarme.

¿Te reprochas algo en particular?

Si, muchas veces pienso que mi vocación era la vida monástica, pero no me atreví a tomar la decisión en el momento oportuno.

En el ámbito pastoral ¿qué errores has cometido?

Muchos, y sin embargo tuerzo el camino y me esfuerzo por no repetirlos.

¿Qué te parece el papa Francisco?

Un hombre que se esfuerza por construir puentes y derribar muros.

¿A quién deseas enviar un mensaje?

A los que tienen la misión de pastorear, que sean cercanos, dialogantes, comprensivos y con las puertas siempre abiertas.

¿Qué es lo que más te ha hecho sufrir?

Ufff... tantas cosas. Pero quizás la que más, la dureza de algunos corazones, que como diría S. Teresa, “no andan en Verdad”.

¿El peor pecado con el que has tenido que lidiar?

Mi falta de humildad, el querer solucionarlo todo yo mismo y pensar que quizás lo haría mejor que los demás.

¿Y lo que le ha hecho más feliz?

Un día, no se me olvidará: visitando a una ancianita con alzheimer que ya no reconocía ni a los propios hijos, le llevé al Señor. Recuerdo que estaban todos en aquella casa, hijos, nietos y bisnietos, cuando le pregunté quién era, me respondió: “D. Agustín, el cura” y le dije: ¨¿Sabes a quién te traigo¨? Me respondió al momento: “Al Señor”. Las lágrimas en los que estábamos presentes comenzaron a brotar por la emoción. Son vivencias que nunca se borran de la memoria. Solo por algo así, vale la pena ser cura.

¿Qué deseo no has podido cumplir aún?

Tocar el piano, aunque dudo de poder cumplirlo, soy muy torpe para esos menesteres.

¿Cuál es la victoria más hermosa?

La de vencer la tentación del pasotismo, la del "no pringarme" con la realidad cotidiana y de huir de ciertas situaciones de injusticia.

¿Recuerdas haber llorado en tu vida?

Muchas, con lágrimas de impotencia y por incomprensiones.

¿Qué importancia tiene la amistad en tu vida?

El amigo es la roca donde nos encontramos seguros, comprendidos, queridos, escuchados, y además soportan nuestros defectos, nuestros fallos. Muchas veces me pregunto qué haríamos sin los amigos fieles.

¿Y el amor?

El motor de mi vida. ¡Cuántos van por la vida sin sentirse amados! Qué realidad más triste, ¿verdad?

¿Piensas alguna vez en la muerte?

Si te soy sincero, no, pienso más en cómo vivir en plenitud la vida que me han regalado.

¿Es la eutanasia una salida fácil?

Más que salida fácil, diría que es un ¨claudicar ante el sufrimiento¨, no tener esperanza ante la “vida¨, la que nos espera cuando dejamos el umbral de esta en la que nos esforzamos por vivir.

¿Te han dado algún consejo que te haya cambiado la vida?

Muchos, pero recuerdo uno en especial: cuando mi madre me animó a entrar en el Seminario, servidor estaba lleno de miedos y zozobras.

¿Quién es Jesucristo para ti?

El que mueve mi vida, el que me escucha en mis derrotas y me anima cuando le busco en el Sagrario. El que me habla, aunque muchas veces me haga el sordo o el distraído.

¿Quién dice la gente que eres tú?

En el supermercado, escucho muchas veces: "¡mira, el cura!", sorprendidos porque también constatan que llevamos una vida normal. Y para algunos: “El que siempre lleva prisa …¨. Lo lógico cuando tenemos celebraciones en distintas capillas.

¿Qué te preguntas?

Muchas cosas, soy de esos que siempre se cuestionan a sí mismos. Creo que es un ejercicio sano, lo recomiendo.

¿Cómo te ves con el paso del tiempo? ¿Has mejorado como los buenos vinos?

Quizás he progresado en la paciencia, pero aún queda mucho por pulir, mucho por mejorar, es parte del entrenamiento diario.

¿Dónde encuentras la felicidad?

En cosas sencillas de la vida, el reírme de mí mismo, el mirar con el corazón como recomienda el Pricipito de Saint Exupéry. Esas cosas que muchas veces no vemos por el estrés y las prisas. También soy felíz junto al Sagrario cuando le digo al Señor que lo quiero, en eso soy muy niño, muy espontáneo.

¿Te sientes querido en la parroquia?

Cuando quieres, te quieren. Cuando eres cariñoso, recibes cariño. Aunque no todas las fieras se amansan con caricias, hay algunas que...

¿Aprendes de los seglares? ¿El qué?

La capacidad de donación, de generosidad, de trabajo, de sacar tiempo para la parroquia sin descuidar la familia. Eso me parece admirable.

¿Rezas para tener éxito?

Rezo más bien para entender lo que Dios quiere de mí, comprenderlo y por supuesto realizarlo.

¿Te preocupa cómo vive la gente? ¿Por qué?

Porque se dialoga poco, hay mucha necesidad de ¨ser escuchado¨, eso me preocupa muchísimo, la verdad.

¿Eres un sacerdote dócil?

Por el contrario, soy de esos que se revelan con facilidad, pero en el Sagrario, el Señor ¨me ablanda ese corazón terco que tengo¨.

¿Qué es para ti el tiempo?

Un regalo que tengo que aprovechar al máximo.

¿Un olor que recuerdes?

El olor de los pestiños de la Yaya, que impregnaban la casa cuando llegaba del cole.

¿Un perfume que se cautive?

La Dama de Noche.

¿Tu flor favorita?

Las Pasifloras, me fascinan, además de cultivarlas en casa.

¿La palabra más hermosa del diccionario?

El alba, que nos invita a vivir en plenitud el día.

¿El regalo más bello que te ha hecho ser presbítero?

Tener a Jesús entre mis manos cada día.

A estas alturas del partido, ¿volverías a ser sacerdote?

Sin duda, es mi vida.

Ana María Medina

Periodista de la diócesis de Málaga

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