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Domingo XVIII del Tiempo Ordinario (Ciclo A)

Publicado: 26/11/2013: 4288

Domingo XVIII del Tiempo Ordinario

Ciclo A. Mt 22, 1-14

            1.- La parábola de Jesús es de total actualidad. La invitación a la fiesta, al amor, a la fraternidad (a la boda) sigue escuchándose en el corazón de todo hombre. Dios sigue llamando. Pero los convidados no hacen caso, no escuchan su voz. Están ocupados en sus tierras, sus negocios.

            ¿Dónde buscamos los hombres hoy la felicidad? ¿A qué puertas llamamos buscando salvación?

  • Para la gran mayoría, la felicidad está en tener más, comprar más, poseer más cosas y más seguridad. “Acumular, acumular: en esto consiste la ley y los profetas”. (K. Marx).
  • Otros buscan el goce inmediato e individualista: sexo, droga, cenas del fin de semana. Hay que huir de los problemas; no complicarse la vida. Refugiarse en el presente.
  • Hay quien se entrega al cuidado del cuerpo. Es importante mantenerse en forma, no envejecer nunca.

Son muchas las ofertas de salvación de nuestra sociedad. Pero son ofertas parciales, que no proporcionan todo lo que el hombre anda buscando. El hombre sigue insatisfecho y la invitación de Dios sigue resonando.

2.- Es bueno que el hombre busque un bienestar mayor para todos. Pero, ¿qué plenitud puede haber tras ese afán de poseer televisores cada vez más perfectos, coches cada vez más veloces, electrodomésticos cada vez más sofisticados? ¿No hay muchos que poseen ya demasiadas cosas para ser felices?

            Porque después de caminar a la búsqueda de tantas cosas, no son pocos los que pierden su libertad, su capacidad de amar. Su ternura, el disfrute sencillo de la vida.

            Es normal que las nuevas generaciones busquen con afán otro tipo de salvación. Pero, ¿qué plenitud se puede encontrar cuando han estrujado todas las posibilidades del sexo, se ha vuelto del “viaje” de la droga o se ha hundido uno en el aislamiento de un pasotismo total?

            Los hombres seguimos siendo unos eternos buscadores de felicidad, plenitud, verdad y amor. Los hombres seguirán buscando, de alguna manera, al Absoluto, a Dios.

            Por eso, en medio de nuestra vida, a veces tan alocada y superficial, en medio de nuestra búsqueda vana de felicidad total, estemos alerta y veamos si no estamos desoyendo una invitación de Dios que nos llama al banquete de la boda.

            ¿Por qué escasean tanto hoy los cristianos llenos de vida y de alegría? Lo ordinario es encontrarse con cristianos que nunca han creído nada con entusiasmo.

Es necesario no quedarnos en fórmulas externas ni en cumplimientos de ritos, sino ahondar en nuestras vivencias, descubrir las raíces más profundas de nuestra fe, abrirnos con paz a Dios y tener el coraje de abandonarnos a Él. Entonces descubriremos, quizá por primera vez y sin que nos lo digan otros desde fuera, cómo Dios puede ser fuente de vida y gozo arrollador.

            La parábola de Jesús nos vuelve a recordar a todos que en el fondo del corazón hay una invitación a buscar la felicidad y la plenitud por otros caminos. Y nuestra mayor equivocación puede ser desoír la llamada de Dios marchando cada uno “a nuestras tierras y a nuestros caminos”.

            Si lo oímos, en cambio, se cumplirá lo que dice Isaías 25:

“Aquel día se dirá:

Aquí está nuestro Dios,

de quien esperábamos que nos salvara;

celebremos y gocemos con su salvación”.

 

+ Antonio Dorado Soto,

Obispo de Málaga

Autor: Mons. Antonio Dorado Soto

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