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Eucaristía con motivo del Año Jubilar concedido a la Orden Mercedaria por los ochocientos años de la Orden (Monasterio Mercedarias-Málaga)

Las Madres Mercedarias inauguran el Año Jubilar con una Eucaristía presidida por el Sr. Obispo // V. DIEZ
Publicado: 25/01/2018: 462

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, Jesús Catalá, en la Eucaristía celebrada el 25 de enero de 2018, en el Monasterio de las Mercedarias de Málaga, con motivo del Año Jubilar concedido a la Orden Mercedaria por los ochocientos años de la Orden.

EUCARISTÍA CON MOTIVO DEL AÑO JUBILAR
CONCEDIDO A LA ORDEN MERCEDARIA
POR LOS OCHOCIENTOS AÑOS DE LA ORDEN
(Monasterio Mercedarias-Málaga, 25 enero 2018)

Lecturas: Hch 7,17-20.30-34; Sal 106; Gal 5,1.6.13-14.18.22-25; Mt 25,315-40.

1.- Acción de gracias a Dios

Celebrar el ochocientos Aniversario de la confirmación pontificia de la Orden de la Santísima Virgen María de la Merced por parte del Papa Gregorio IX es un hermoso motivo de acción de gracias a Dios por todos los dones recibidos a lo largo de estos ocho siglos y por el bien que ha hecho a la Iglesia la presencia de este carisma.

Agradecemos la presencia en nuestra Diócesis de este Monasterio de la Orden. A vosotras, queridas hermanas, muchas gracias por vuestra presencia y vuestra oración, como un “focolar” de encuentro con el Señor y de comunión entre nosotros.

La persona y la figura de san Pedro Nolasco, fundador de la Orden y receptor de ese carisma, fue un don de Dios a la Iglesia. Nacido cerca de Barcelona hacia 1189, dos experiencias profundas marcaron su vida: una peregrinación a la Virgen de Monserrat, donde se percató de las vanidades pasajeras de este mundo, e hizo nacer en su corazón una fuerte devoción mariana; la devoción a María es uno de los pilares de su espiritualidad. Y otra experiencia fue la esclavitud que muchos cristianos sufrían por parte de los musulmanes con las penalidades correspondientes y en muchos casos la pérdida de su fe.

La profesión de mercader de Pedro Nolasco fue de gran utilidad para él y su grupo de compañeros por el fácil acceso a los países musulmanes, donde hacían de intermediarios para el rescate de cristianos. La fe en Cristo, «que nos redimió con su preciosa sangre» era el motivo que les animaba. Este carisma nace, pues, desde una espiritualidad cristocéntrica. Su ejemplo nos anima a vivir cada día el encuentro con Cristo. Estos son los dos pilares de la espiritualidad de Pedro Nolasco: Cristo y la Virgen María.

2.- Conversión al Señor

Hoy es la fiesta litúrgica en la Iglesia universal de la conversión de Pablo de Tarso, que de perseguidor de la Iglesia de Cristo pasó a ser fiel testigo de su Evangelio.

A partir del encuentro personal que tuvo con el Señor, cambió radicalmente su vida: «Mientras caminaba, cuando ya estaba cerca de Damasco, de repente una luz celestial lo envolvió con su resplandor» (Hch 9,3). Escuchó una voz que le decía: «Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?» (Hch 9,4). Tras quedar ciego y estar tres días sin comer ni beber (cf. Hch 9,9), recobró la vista y fue bautizado (cf. Hch 9,18). «Luego se puso a anunciar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios» (Hch 9,20). Cambia de ser un perseguidor a ser testigo. Si nuestros encuentros con el Señor fueran de este estilo, seríamos mejores testigos.

El Señor nos llama para que nos convertirnos a Él y para hacernos testigos de su Evangelio. Pero es preciso tener un encuentro personal con el Señor para seguirle como discípulos suyos. No puede haber discipulado sin encuentro personal y vivo con el Señor, mediante la oración, los sacramentos y la vida de piedad.

El Señor se hace presente en nuestra vida dándonos su amor y nos anima a corresponderle con generosidad. El primer mandamiento es: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» (Dt 6,5).

Como dice el papa Francisco, todos estamos llamados a vivir la alegría que brota del encuentro con Jesús, para vencer nuestro egoísmo y “salir de nuestra propia comodidad y atrevernos a llegar a toda periferia que necesita la luz del Evangelio” (Evangelii gaudium, 20).

3. Renovación del carisma

El papa Francisco, con motivo del Año Jubilar de la Orden Mercedaria, anima a todos los miembros de la Orden mercedaria a una renovación interior: “Deseo expresarles mi cercanía espiritual, animándoles a que esta circunstancia sirva para la renovación interior y para impulsar el carisma recibido, siguiendo el camino espiritual que Cristo Redentor les ha trazado”; así lo dice en su mensaje a Fray Juan-Carlos Saavedra Lucho, Maestro General de la Orden (Papa Francisco, Mensaje a la Orden de la Merced con motivo del 800 aniversario de su fundación, 6.12.2017).

Sigue diciendo el Papa: “En el rico patrimonio de la familia mercedaria, iniciado con los fundadores y enriquecido por los miembros de la comunidad que se han sucedido a lo largo de los siglos, se concitan todas las gracias espirituales y materiales que ustedes han recibido. Este depósito se hace expresión de una historia de amor que se enraíza en el pasado, pero que, sobre todo, se encarna en el presente y se abre al futuro, en los dones que el Espíritu sigue derramando hoy sobre cada uno de ustedes” (Ibid.).

No se puede amar lo que no se conoce, dice san Agustín (cf. Trinidad, X,II,4). Hay que conocer y profundizar en la historia y en el carisma recibido de Dios; hay que edificar sobre la roca, que es Cristo, fuera del cual nada se puede construir; hay que redescubrir el primer amor de la Orden y de la propia vocación, para renovarlos continuamente.

En este Año Jubilar se nos invita a todos a renovarnos espiritualmente. Y de modo especial, a vosotras, queridas Hermanas Mercedarias, el Señor os pide una renovación del carisma recibido. Desde el Monasterio estáis llamadas a actualizar el carisma de la Orden Mercedaria, ayudando a redimir almas de los fieles.

4.- Obras de misericordia

En el Evangelio de hoy Jesús nos invita a practicar las obras de misericordia. En el día del juicio final el Señor se sentará con sus ángeles para juzgar al mundo.

Cuando los santos sean acogidos en la gloria celestial le preguntarán al Señor: «¿Cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?» (Mt 25,38-39). 

Y el rey les dirá: «En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40). Lo que hagamos a los demás, lo hacemos a Cristo, porque Él se hace presente en el hermano, y de modo especial en el hermano necesitado, en el cautivo, en el pobre, en el enfermo, en el inocente, en el preso, en el anciano, en el desamparado.

5.- Fidelidad al carisma recibido

Uno de los aspectos propios del carisma mercedario es trabajar por la liberación de los cautivos. El Señor Jesús ha ofrecido su vida para rescatarnos del pecado y de la muerte. Como dice san Pablo: «Para la libertad nos ha liberado Cristo. Manteneos, pues, firmes, y no dejéis que vuelvan a someteros a yugos de esclavitud» (Gal 5,1). Todos somos esclavos de nuestro pecado; pero el Señor nos ha liberado y tenemos motivo para dar gracias a Dios por ello.

Hay muchos tipos esclavitud; unos los promueven los mismos hombres contra otros hermanos. Pero la peor esclavitud es el pecado, que nos impide vivir como Cristo desea y espera de nosotros. Pero con la gracia del Señor y los dones del Espíritu Santo, somos transformados y obtenemos frutos de vida eterna, como nos ha recordado san Pablo: «El fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí» (Gal 5,22-23).

Pedimos al Señor que seamos misericordiosos y ofrezcamos a los hermanos más necesitados nuestra ayuda.

Y suplicamos a la Santísima Virgen, bajo la advocación de la Merced, que nos proteja con su maternal intercesión y bendiga a la Orden Mercedaria y a las congregaciones que se amparan bajo esta advocación; de modo especial pedimos por esta comunidad monástica, para que se mantengan fieles  y alegres en el carisma recibido. Amén.