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Ana María: «Me di cuenta de que el Señor contaba conmigo»

Ana María, ante los restos del obispo san Manuel González
Publicado: 24/08/2021: 3501

Ana María Cayuso nació en Granada pero se mudó a Málaga siendo muy pequeña. Es maestra de formación y ha sido una de las dos Misioneras Eucarísticas de Nazaret que han realizado sus votos en la diócesis este mes de agosto. La conocemos más en esta entrevista.

¿Cómo estás viviendo esta etapa tan fundamental en tu vida religiosa?
La verdad es que está siendo un tiempo de gracia especial. Lo estoy viviendo con mucha ilusión y gozo. Debido a la pandemia, el tiempo de preparación para la profesión perpetua se ha alargado más de la cuenta, puesto que ya lo comenzamos el verano pasado. Pero este último mes ha sido especialmente intenso. Hemos podido visitar los lugares más significativos de la vida de san Manuel y beber así de nuestras fuentes carismáticas. Está siendo un tiempo de ratificación y confirmación de que es aquí donde el Señor me llama y donde yo quiero estar.

¿Qué te llevó a querer formar parte de la congregación de Nazarenas?
Conocía a las Nazarenas casi por casualidad, porque acompañé a unos amigos a la librería que tienen en Málaga y la hermana que nos atendió nos invitó a un grupo de jóvenes que se reunían en su casa. Cuando las conocí, me llamó mucho la atención la relación tan estrecha y personal que tenían con el Señor. Jesús Eucaristía era uno más de la casa. Para mí, en ese momento, Dios era alguien lejano que estaba en el cielo, con el que me podía comunicar a través de la oración y del Evangelio, pero Él estaba allí y yo aquí.
El descubrir que el Señor estaba ahí, a unos metros de mí, en el sagrario, de forma real, porque me quiere y quiere estar cerca de mí, cambió mi relación con Él. Poco a poco fui descubriendo que estar con Él era lo que más me llenaba. El constatar que aún muchos no conocen su presencia Eucarística o que la han olvidado fue un gran impulso para consagrarme a Él y a darlo a conocer.

¿No es una “locura” ser religiosa en los tiempos que corren?
Quizás sí, pero en realidad es una respuesta a una locura mayor, pues como dice san Manuel González refiriéndose a la Eucaristía: ¡Este sí que es el mayor amor perpetuado en una locura!
Realmente toda vocación es una locura, también el matrimonio o el sacerdocio. Entregar toda tu vida a alguien sin saber qué va a pasar es una locura. Lo que mueve una joven a ser religiosa, es lo mismo que mueve a otra a querer casarse: el amor. En mi caso, he tenido la experiencia del amor gratuito, desbordante y pleno de Jesús en la Eucaristía. Cuando te sientes inmensamente amada por Alguien, surge en tu interior el deseo de dedicar toda tu vida a estar con Él y a vivir el tipo de vida que Él llevó.

¿Qué camino personal has vivido hasta llegar aquí? ¿Qué personas te han ayudado?
Creo que el primer paso en mi vocación lo di cuando comencé a formar parte del grupo de jóvenes de mi parroquia. Al escuchar el pasaje evangélico “vosotros sois la luz del mundo y la sal de la tierra”, me di cuenta de que el Señor contaba conmigo para hacer un mundo mejor y así empecé a tomarme en serio mi vida cristiana.
Pasado un tiempo me di cuenta de que ya había conseguido todo lo que me había propuesto en la vida: trabajo, pareja, coche, amigos, voluntariado, grupo parroquial… Pero en mi interior sentía un vacío que todo eso no acababa de llenar. Cuando conocí a las Nazarenas y descubrí a Jesús Eucaristía, me di cuenta de que ese vacío solo lo llenaba el Señor. Por eso empecé a tener más ratos de oración y a hacer más cosas relacionadas con la Iglesia (más horas de voluntariado, más grupos de catequesis, etc.). Fue una hermana la que me ayudó a descubrir que en realidad el Señor no me estaba pidiendo hacer más cosas, sino ser de Él.
Gracias a Dios, en todo el proceso de discernimiento el Señor ha puesto a mi lado personas que me han ayudado. Primero fue Damián, el sacerdote que acompañó el grupo de jóvenes parroquial. Después Ángel, el sacerdote con quien hice el discernimiento antes de entrar en la congregación. Y luego todas las hermanas que me han acompañado en este camino hasta hoy, ayudándome a confirmar y afianzar mi vocación, sobre todo mis formadoras y las hermanas con las que he compartido cada etapa formativa. También tengo que dar gracias a Dios por mi familia, porque siempre me ha apoyado, y por mis amigos, que siempre han estado ahí, aunque muchos ni siquiera comparten mi fe.

¿Qué significa Málaga para ti?
Mucho, pues, aunque nací en Granada, nos mudamos a Málaga cuando yo tenía 7 años, así que me considero malagueña. Actualmente viven aquí mi familia y mis amigos, por eso Málaga es mi lugar de referencia.
Además, congregacionalmente, Málaga es la cuna que nos vio nacer. En esta ciudad, el 3 de mayo de 1921, cuatro mujeres comenzaron la historia de nuestra Congregación. Aquí están nuestras raíces. Y por otra parte, aquí hice mi noviciado, en el que se empezó a forjar en mí el estilo de vida nazarena. Aquí hice mi Profesión Temporal y ahora de nuevo Málaga va a ser testigo de mi consagración plena al Señor con la Profesión Perpetua.

¿Cómo explicarías a un joven que no sabe nada de esto, lo que significa “eucaristizar”? Explícanos con palabras sencillas esa llamada que sentís.
Eucaristizar, en palabras de san Manuel González, es “volver a un pueblo loco de amor por Jesús Eucaristía”. Es decir, dar a conocer que Jesús está vivo, de manera real, en cada sagrario de la tierra, para querernos, para estar con nosotros, para iluminar nuestra vida…
Siento que he nacido para eucaristizar, aunque la llamada se ha ido concretando en mí poco a poco. Como dije antes, para mí el punto de partida fue el experimentar en mi “propia carne” el inmenso amor que el Señor me tiene, que ha dado su vida por mí y que no ha dudado en quedarse en un trozo de pan para estar cerca de mí, para acompañarme en cada momento de mi vida, para que yo pueda estar con Él cuando quiera. Y ahí permanece aunque yo no le haga caso o aunque yo pase de Él; Él nunca se cansa de querer estar conmigo.
Y en segundo lugar, el ver que hay muchas personas que aún no saben que Jesús está aquí vivo entre nosotros. Sé que hay mucha gente que busca la felicidad y no sabe dónde encontrarla. Por eso quiero compartir con todos los que me encuentre aquello que ha dado sentido, felicidad y plenitud a mi vida.

Ana María Medina

Periodista de la diócesis de Málaga

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