DiócesisCartas Pastorales Mons. Buxarrais

«Carta a los Catequistas»

Publicado: 08/10/1989: 1049

Carta Pastoral en el Día de la Catequesis (1989)

Queridos Catequistas:

Comenzamos un nuevo curso pastoral. Es de esperar que muchos niños, jóvenes y adultos de nuestras parroquias, centros docentes y mo­vimientos apostólicos o de espiritualidad se integren en los grupos de catequesis para iniciarse o profundizar en el conocimiento y vivencia de la vida cristiana.

El ambiente descristianizado en el que vivimos, la falta de colabora­ción por parte de algunos padres, el afán consumista, el ambiente de comodidad y hedonismo que nos rodea…, dificultan vuestra labor de catequistas.

Por otro lado, la idea que la catequesis es sólo una condición para la Primera Comunión o Confirmación hace difícil la continuidad del proce­so de iniciación cristiana.

Esta realidad puede impactaros negativamente, pensando que vues­tro trabajo sirve para muy poco. No os desaniméis. La “fuerza” de Dios es más poderosa que todos los obstáculos que podáis encontrar. Recordad las palabras del apóstol Pablo a su discípulo Timoteo: “Aviva el fuego de la gracia de Dios”. “No tengas miedo de dar la cara por nuestro Señor”. “Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza que Dios te dé” (II Tim 1,6,8).

El sentido de vuestra colaboración

Sed conscientes que vuestra vocación de catequistas tiene su raíz en la vocación común del Pueblo de Dios, llamado a trabajar al servicio del designio salvador del Padre: “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (I Tim, 24). Por consiguiente, la vocación del catequista brota del bautismo ya que, por él, somos incorporados al Pueblo de Dios (“El catequista y su formación”, núm. 49).

Siempre ha habido catequistas seglares que, desde su militancia cristiana, han dado razón de su esperanza (I P 3,15) a todo aquel que se le ha pedido. Catequistas que han hecho suyos los problemas del hombre de hoy y han asumido el compromiso de colaborar en la construcción del Reino de Dios, haciendo una sociedad más justa. (“El catequista y su for­mación”, núm. 36).

Catequesis permanente

La incorporación al grupo de catequistas arranca de vuestra voca­ción de cristianos, como miembros del Pueblo de Dios: “Cristo os conce­de para ello el sentido de la fe” y la “gracia de la palabra” (LG, 35). Las demás razones, como pueden ser, la escasez de clero, tener un hijo en la catequesis, disponer de tiempo libre para ello…, aunque sean razones importantes, siempre serán secundarias (“El catequista y su formación”, núm. 35).

Todo esto nos lleva a plantearnos, una vez más, la necesidad de una catequesis permanente. Me consta que en todos vosotros, queridos cate­quistas, hay esta inquietud. Uno de los temas de reflexión de la II Asam­blea Diocesana de Pastoral será la formación de los agentes de pastoral. Esta formación no puede limitarse exclusivamente a la adquisición de conocimientos teóricos y técnicos para realizar mejor el acto catequético. Sin menospreciar estos conocimientos, muy necesarios para el catequis­ta, la formación debe poner un énfasis especial en ir creando en todos los catequistas actitudes propias de identidad cristiana. Estas actitudes son, entre otras, las siguientes:

a) Fiarse de Dios.

Los discípulos pidieron a Jesús: “¡Auméntanos la fe!”. Es la fe que se hace vida y compromiso en la colaboración de construir el Reino de Dios; es la fe que no nos deja indiferentes ante los problemas de los de­más; es la fe que da fuerza y confianza frente a todas las dificultades y nos ayuda a ser positivamente críticos ante una sociedad poco o nada cristia­na.

b) La oración.

La actitud de fe se alimenta en la oración constante y perseverante. Un catequista que no ora difícilmente puede tener la experiencia del Dios vivo para transmitirla a los demás. Es necesario transmitir vivencias, más que ideas.

c) Perfección personal.

El buen catequista es el que está dispuesto, ayudado por la gracia, a perfeccionarse interiormente. Nunca podemos estar satisfechos de lo que hacemos y de cómo lo hacemos. La actitud de autosuperación, según los criterios evangélicos, debe ser connatural a todo catequista.

d) El diálogo.

El diálogo o la intercomunicación con los demás cristianos y la aper­tura a las realidades socio-culturales que nos rodean para mejor discernir la voluntad de Dios, es también una de las actitudes necesarias a todo catequista.

e) La pobreza.

La pobreza, entendida aquí como humildad, sacrificio y esfuerzo de responsabilidad debe ser, también, una de vuestras características.

f) Entrega generosa.

Finalmente, vuestra entrega generosa y constante al servicio de la catequesis, debe distinguiros entre los demás cristianos.

Me gustaría deciros otras muchas cosas más al comenzar este cur­so, para ayudaros en vuestra responsabilidad de catequista. Espero que os las dirán vuestros sacerdotes y formadores, partiendo principalmente de la carta pastoral que escribí el año pasado, titulada “Renovarnos por una Catequesis de calidad”.

Aprovecho esta oportunidad para agradecer vuestra colaboración, consciente de que, en gran parte, el futuro de nuestra comunidad diocesana depende de la catequesis.

Termino invocando a María, pidiéndole que Ella os ayude a com­prender y poner en práctica la Palabra de Dios sembrada en vuestros corazones.

Málaga, 8 de Octubre de 1989.

P.D. Sugiero a los catequistas, sobre todo a aquellos que tendrán bajo su responsa­bilidad pastoral a los niños y niñas que se preparan para la Primera Comunión, que desde el primer momento hagan comprender a los padres la necesidad de celebrar sobriamente (aunque sí solemne y familiarmente) el día de la Primera Comunión. Decidles que deben evitar regalos y banquetes extraordinarios que más que ayudar, distraen a los niños del auténtico centro de interés de aquel día. 

Autor: Mons. Ramón Buxarráis