DiócesisCartas Pastorales Mons. Buxarrais

«La enseñanza religiosa en la escuela»

Publicado: 00/09/1979: 668

Carta Pastoral sobre las clases de religión (1970)

Queridos diocesanos:

Al comenzar un nuevo curso escolar, y con motivo de la nueva reglamentación, a la que las clases de religión en los centros docentes se refiere, me dirijo a todos vosotros, los cristianos de la Diócesis, en especial a los padres, educadores, alumnos y sacerdotes.

La formación religiosa, inseparable de la educación humana

Los padres que un día pidieron libre y conscientemente el bautis­mo para sus hijos se comprometieron por ello mismo a darles la debida educación en la fe por sí, por medio de la comunidad cristiana u otros educadores. En este sentido, tal y como afirmó la Conferencia Episcopal Española, la educación de la fe no se puede separar del proceso educativo general del bautizado.

Es un derecho de los padres

De ahí que los padres de los niños y adolescentes cristianos tienen el derecho, más aún, el deber, de exigir a los poderes públicos (cuya ra­zón de ser es el servicio a los ciudadanos) que imparta a sus hijos aquel tipo de enseñaza que encuadra con las convicciones profundas (aunque a veces no suficientemente explicitadas), en las que quieren educarlos.

Es cierto, por otra parte, que no se puede imponer como obligato­ria la enseñanza religiosa a los alumnos cuyos padres la rechazan para sus hijos.

En definitiva, estas ideas anteriores vienen a corroborar y aclarar lo que la Constitución aprobada por el pueblo español ha dejado estableci­do (apartado 3 del artículo 27).

A los padres de familia

Partiendo de lo brevemente expuesto, quiero recordar a los padres el grave compromiso de cara a la educación cristiana de sus hijos, tanto en el seno del hogar como a través de la parroquia o comunidad cristiana a la que se pertenece, hasta llegar al centro docente donde sus hijos son educados.

En cuanto a este último espacio de educación cristiana se refiere, es decir, los centros docentes, los padres deben exigir aquellos medios y personas capacitadas para que la fe de sus hijos crezca y se desarrolle al unísono de las demás facetas de la vida humana, potenciadas y orienta­das hacia una educación verdaderamente integral.

A los educadores

 

En virtud del quehacer específico de los educadores, y de acuerdo con la orden ministerial del día 28 de julio de este año (B.O.del Estado del 2 de agosto de 1979), en todos los centros docentes deben tomarse las medidas oportunas para asegurar la enseñanza de la religión y moral ca­tólicas para quienes la pidieren o no la rechazaren.

Se debe también respetar y posibilitar a los profesores católicos que quieran impartir dicha formación religiosa.

Finalmente, todos los profesores, aun los no creyentes, deben res­petar los valores cristianos, así como la conciencia de los alumnos y los derechos de éstos y de sus padres a la enseñanza religiosa.

A los alumnos

Los alumnos tienen, dentro de su capacidad, la obligación moral de desarrollar el don de la fe recibida. Y, sin duda, uno de los medios para cumplir con esta obligación es la asistencia y participación activa en las clases de religión. Sin ellas, su formación cristiana podría quedar mutila­da, al verse privada del conocimiento de aquellas verdades y hechos his­tóricos que inciden, de una u otra manera, en la visión y sentido de la vida.

A los sacerdotes

A pesar de las dificultades, reales o imaginadas, que algunos sacer­dotes pueden encontrar en este campo concreto de la pastoral, apoyado en la experiencia y reflexión de muchos de vosotros, puedo aseguraros que el mundo escolar ofrece grandes posibilidades para una pastoral que quiera llegar a la masa de los cristianos, sobre todo de los más sencillos y humildes.

Muchos niños y adolescentes no encuentran en su propio hogar el apoyo suficiente a su fe; eso a pesar de que sus padres quieren que sean y vivan como verdaderos cristianos. A otros, por razones que ahora sería prolijo enumerar, se les hace difícil una incorporación real y efectiva a la parroquia o comunidad de fe. Para todos estos, las clases de religión pue­den ser el único vínculo que les una a la Iglesia, a la que pertenecen y quieren seguir perteneciendo. Y eso no puede olvidarse en una pastoral realista.

Os pido, pues, sobre todo a vosotros, sacerdotes, un gran interés en dar o, en su caso, hacer que se den las clases de religión a los niños y adolescentes de padres cristianos.

Agradeciendo a todos vuestra colaboración, os saluda y bendice,

Málaga, Septiembre de 1979. 

Autor: Mons. Ramón Buxarráis