DiócesisCartas Pastorales Mons. Buxarrais

«Si participas y colaboras, los problemas tienen solución»

Publicado: 00/06/1985: 387

Carta Pastoral Corpus Christi-Día de Caridad (1985)

 Queridos diocesanos:

Todos sabemos que situaciones que nos parecían superadas, se dan hoy en nuestra diócesis de Málaga: familias mal alimentadas; jóvenes y mayores sin empleo y sin expectativas de conseguirlo; chabolas y corra­lones donde se hacinan las personas; ancianos en soledad y sin recursos... además de la desmoralización y angustia que conllevan estos males físi­cos.

La agudeza y prolongación de la crisis económica llega a encerrar la vida de muchas personas en un exagerado egoísmo; y ante la magnitud del problema se resguardan con el fantasma de lo imposible y evaden toda responsabilidad personal con miedo de verse implicados, con lo que son y lo que tienen, en el esfuerzo solidario de toda la sociedad.

Es hora de que, dejando a un lado críticas y lamentaciones inútiles, todos nos sintamos responsables de las causas que están motivando estas situaciones y no caigamos en el pecado de omisión.

Es necesario y urgente tomar conciencia de que los problemas tie­nen solución si participamos en la erradicación de sus causas y colabora­mos en sus remedios, puesto que de la responsabilidad de cada uno de­pende una sociedad más justa y solidaria.

Abandonemos la contratación de obreros que ya reciben el subsi­dio de desempleo; la irresponsabilidad en el trabajo propio; las horas ex­traordinarias en las empresas; el acaparamiento de varios trabajos profe­sionales remunerados.

Cooperemos entre todos en la posibilidad de más puestos de traba­jo; en una moderación salarial y en una austeridad de vida, donde los que tienen más acepten un nivel menor para que otros lleguen a un justo nivel de vida.

Sin ahogar la iniciativa privada ni la espontaneidad del amor, traba­jemos para que nuestros esfuerzos estén coordinados y organizados de forma que, evitando el protagonismo jactancioso y la estéril dispersión de fuerzas, soslayemos la «picaresca» y solucionemos en lo posible el pro­blema inmediato y, sobre todo, evitemos sus causas.

La labor que la Iglesia a través de Cáritas nos ofrece diariamente es ser cauce de nuestra participación y colaboración, de forma coordinada y organizada, a fin de que «el desempleo, la pobreza, la violencia, el ham­bre, el miedo, puedan y deban ser superados por nosotros, si de veras nos empeñamos en ello, como personas libres, justas y solidarias” (Decla­ración Episcopal «Crisis Económica y Responsabilidad Moral»).

En hoja aparte Cáritas Diocesana nos ofrece en el día del Corpus Christi los datos del fruto conseguido por el esfuerzo de muchos mala­gueños que, de manera silenciosa y fraternal, a nivel individual y de gru­pos, están llevando una vida más austera, al mismo tiempo que trabajan por erradicar las causas de esta situación y comparten su tiempo, su pro­fesión y su economía con los más necesitados.

Igualmente, Cáritas en este día, nos invita de nuevo a reavivar nues­tra responsabilidad en este trabajo común de participación y colabora­ción.

No olvidemos en la festividad del Corpus Christi que la presencia real de Jesús en el sacramento de la Eucaristía, no puede hacernos olvidar su presencia en el hombre concreto, sobre todo, en el más necesitado: «Cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños; con­migo lo hicisteis» ( 25,40).

Es más, sintámonos fuertemente estimulados por las palabras del apóstol San Juan: «Si alguno tiene bienes de este mundo y ve a su herma­no en necesidad y le cierra su propio corazón ¿cómo puede estar el amor de Dios en él? El que no ama a su hermano que ve, no puede amar a Dios a quien no ve» (1ª Jn 3,17; 4,20).

Y así, como los granos de trigo esparcidos por el campo se unen para formar el pan eucarístico, de la misma manera, nosotros, esparcidos entre nuestras familias, ciudades y pueblos, unámonos para hacer reali­dad el canto que entonaremos al paso de Jesús Sacramentado:

«Cantemos al Amor de los amores, cantemos al Señor. Dios está aquí».

Está en el Sacramento que adoramos, y de distinta manera tam­bién está en la persona necesitada a la que debemos atender y servir.

Málaga, Junio de 1985. 

Autor: Mons. Ramón Buxarráis